Recuerdo con claridad cuando en la semana antes del Honduras-Panamá del pasado 8 de junio en San Pedro Sula, un medio catracho me preguntó mi pronóstico; yo le dije que ganaba la H. Al final, la Roja terminó llevándose una victoria que pocos esperaban, pero que casi nadie se atrevía a decirlo en la antesala del duelo.
Hoy, a pocas horas de jugar ante Cuba, cuando trataremos de consumar el pase a la Hexagonal, por segunda vez en nuestra historia, reflexiono y concluyo: aquel 2-0 ante la Bicolor hoy nos vale oro. Aquel resultado, sin restar importancia a los siguientes, nos tiene respirando con tranquilidad, mientras que en Honduras se comen las uñas de los nervios. Aquel convincente triunfo nos dio confianza, nos dio un margen importante que nos permitiría darnos el lujo hasta de perder hoy y clasificar.