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Un sábado como otro cualquiera

En Inglaterra seguían practicando mastectomías en los presos que habían desarrollado tetas por ingerir drogas para aplacar el deseo sexual desmedido. La aplicación de la ...


En Inglaterra seguían practicando mastectomías en los presos que habían desarrollado tetas por ingerir drogas para aplacar el deseo sexual desmedido. La aplicación de la dosis de estrógeno en los reclusos británicos era consentida y les rebajaba las condenas. Una puerta abierta hacia la libertad una vez comprobada la defunción del apetito sexual. Algunos prisioneros encontraron ventajas en los nuevos atributos femeninos y preferían conservar las protuberancias para ganar favores entre los otros reos.

Era sábado. La Iglesia católica seguía oponiéndose al divorcio, y Juan Pablo II atacaba el torbellino mundano que resquebrajaba el nexo divino, un nexo para siempre. La unión eterna hacía que las mujeres se resignaran de denunciar a sus esposos y aceptaran el maltrato como obra y gracia del Espíritu Santo.

Un sábado como otro cualquiera. Radio y Televisión Española anunciaba el musical 'El hotel de las mil y una estrellas', que se estrenaría con Manuel Fernández, una mujer hermosa, alta y de voz ronca, conocida en el mundo del espectáculo como Bibi Andersen, un tangerino que nació con el sexo equivocado y en aquel tiempo era el travestí más famoso de España y la envidia de muchas mujeres.

Aquel sábado, los canales de televisión del mundo detonaron en sus pantallas una noticia devastadora.

Imágenes de cuerpos que simulaban dormir sobre la hierba del trópico después de una orgía, abrazados, boca abajo, boca arriba, pero vestidos y calzados. El olor acre de la almendra lo detectaron primero las mujeres de Puerto Caituma. Los gritos de dolor que siguieron la ingesta confirmaron que algo no andaba bien en el poblado de Jonestown. "La muerte solo es el tránsito a otro nivel". Más de novecientos cuerpos en el suelo de Guyana, fieles a la secta Templo del Pueblo y seguidores del reverendo estadounidense Jim Jones, envenenados con cianuro de potasio. Desde San Francisco en California hasta Guyana en Suramérica, siguieron a un lunático que los privó de lo único que tenían y que él no podía darles: vida.

Antes de tomar el ponche de frutas adulterado, cantaron 'Nunca antes escuché a un hombre hablar como éste'. "Si me vez como tu Dios, seré tu Dios". Jim Jones, carismático, mitad Cristo mitad Lenin, lector de la Biblia y de Marx, tenía todas las respuestas a los problemas de sus seguidores y el problema de la muerte lo resolvía con la muerte y la creencia en la reencarnación. Jim Jones confirmó uno por uno todos los cadáveres y llamó a Lynetta, la mujer que lo creyó el mesías, su propia madre. "Lynetta", gritó, y luego se descerrajó un tiro en la cabeza.


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990098
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América