Deportes

Un viejo consentido

Me sentí muy consentido, tal como nos gusta a los viejos que de niños lo fuimos. Qué bueno que acepté la invitación de la Universidad de Panamá,


Ernesto Endara (Escritor) / Escritor

Me sentí muy consentido, tal como nos gusta a los viejos que de niños lo fuimos. Qué bueno que acepté la invitación de la Universidad de Panamá, por intermedio del estudiante Nicasio de León, de la gentiles profesoras Doris de Galván y Margarita Vásquez para cerrar con mis palabras (elevadas a la categoría de Conferencia Magistral) la Semana de la Literatura Panameña. Fueron muy gentiles todos. Me buscaron a la casa y después del acto y del brindis, me devolvieron, sano y salvo. Los estudiantes de Español se lucieron en la organización del evento y Nicasio lo engalanó con su discurso. El salón estaba lleno y eso me sorprendió gratamente pues generalmente no arrastro mucha gente. A última hora le pidieron al escritor Rafael Ruiloba que me presentara. Imagino el cerebro de mi amigo hirviendo a todo vapor para fraguar cosas de mí. Sentado a mi lado, le vi en las manos “Milagrosa Panamá” mi viejo libro de cuentos. Me pidió algunos datos. También me arrebató “Una mente vagabunda” y lo hojeó rápidamente (nunca me lo devolvió). Cuando le tocó hablar se levantó a descargar a la atenta audiencia la imagen de un Neco que me impresionó. Fue halando el hilo de mis ironías y descubrió para el público parte de mis trucos. Fue admirable. No porque hablara bien de mí, sino por la elegancia con que salió del compromiso.

Otra de las sorpresas que me brindaron esa soleada mañana de fin de octubre, fue la lectura dramatizada de uno de los cuentos de “Un final feliz y otros finales”, precisamente de “Un final feliz”. Cuatro hermosas criaturas, en pantalones y suéteres negros, se repartieron el cuento matizándolo con sus voces juveniles, a veces roncas, a veces ingenuas, y otras sugestivas. Nunca había escuchado uno de mis cuentos a cuatro voces. ¡Bravo por mí! Sentí el cuento mejor que nunca. ¡Gracias, muchachas lindas!

Aunque la gripe me abrazaba, cuando me tocó hablar la olvidé. No podía fallar. Desde las primeras palabras pude comprobar que había tendido el puente hacia mi auditorio, por allí circularon mis pensamientos y fueron bien recibidos. Pude decirles lo que pienso del periodismo y de la literatura.

Terminó de alegrarme la mañana el conocer a Ruth y Vanessa, dos españolas que terminaron de enterrar aquello de que la belleza y la inteligencia no van juntas. Hace tiempo que ese es un dicho cerrado, cremado y olvidado.


fecha edicion
old id
847537
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América