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¿una "amenaza" o una "oportunidad"?

Sus importaciones en 2003 crecieron un 40 por ciento o alrededor de 118.000 millones de dólares. Las importaciones de acero totalizaron 36 millones de toneladas métricas, un récord para cualquier país y el doble del nivel de fines de la década del 90


China es la pregunta, pero ¿cuál es la respuesta? Todo el mundo reconoce que el surgimiento de China como una superpotencia económica es un acontecimiento sin par, aún cuando no comprendamos su total trascendencia. Una China con 1.300 millones de habitantes, en su mayor parte empobrecidos, influirá sólo en sus vecinos inmediatos. Una China que ocupa ahora el sexto lugar en la economía mundial y que es la cuarta exportadora, con una asombrosa tasa de crecimiento (9,1 por ciento en 2003) y con la ambición de sobresalir en casi todas las tecnologías, es algo enteramente diferente.
Casi nadie habla mucho sobre este tema, porque es difícil saber qué decir. La situación es nueva. Desde la Segunda Guerra Mundial, los mayores socios económicos y comerciales de Estados Unidos han sido también nuestros aliados políticos y militares más cercanos. China rompe ese esquema. Es ahora, después de Canadá y México, nuestro principal socio comercial y la fuente de nuestro mayor déficit comercial: de alrededor de 120.000 millones de dólares en el 2003. Pero China no es nuestra aliada ni nuestra adversaria. La gente titubea buscando la palabra correcta. ¿Es China una "amenaza" o una "oportunidad"?
Más allá de eso, no conocemos cuál será el efecto de China en la economía mundial. ¿Es acaso un imán de bajos salarios que absorbe empleos e inversiones de otros países? ¿O es una poderosa locomotora cuyas necesidades de desarrollo arrastrarán a todos con ella? Hasta hace poco, parecía ser un imán. China atrajo cerca de 500.000 millones de dólares en inversiones extranjeras -principalmente para fábricas nuevas y en su mayor parte, a expensas de otras naciones asiáticas. "Hace dos años, (los países asiáticos) estaban temblando", dice Nicholas Lardy del Institute for International Economics.
Pero recientemente, China se ha convertido en una locomotora. Sus importaciones en 2003 crecieron un 40 por ciento o alrededor de 118.000 millones de dólares, dice Lardy. Las importaciones de acero totalizaron 36 millones de toneladas métricas, un récord para cualquier país y el doble del nivel de fines de la década del 90. "La mayor parte de ese acero proviene de Corea y Japón -incluso India está vendiendo... Están eufóricos", dice Lardy.
Algunas cosas están claras: por ejemplo, la gigantesca necesidad de China de crear empleos, que -si no se satisface- podría provocar descontento. Todos los años, el número de trabajadores crece cerca de 10 millones, estima un estudio del Fondo Monetario Internacional. Además, la modernización de empresas ineficientes administradas por el estado significa cierres de fábricas y despidos. Mientras tanto, los trabajadores rurales se mudan a las ciudades para obtener empleos mejor remunerados. Se necesitan otros 9 millones de empleos, dice el estudio del FMI. A diferencia de ello, la economía norteamericana crea 3 millones de empleos en un buen año.
China también desea ser algo más que el repositorio de fabricación barata del mundo. No envió al hombre al espacio sólo por el prestigio. "Hay un creciente problema de política industrial", dice Alan Wolf, un abogado especializado en comercio, que representa industrias norteamericanas. "Los chinos han dicho, ´Pueden invertir -pero queremos su tecnología´". Toda empresa extranjera teme armar a sus competidores.
Consideremos el caso de los chips de computadoras. China impone un impuesto agregado de un 17 por ciento sobre los chips. Pero los chips que se producen en China, a diferencia de los importados, pueden recuperar la mayor parte del impuesto (hasta 14 puntos porcentuales) como reembolso. La idea, dice Wolf, es obligar a las empresas a establecer fábricas de chips en China. (Estados Unidos dice que la medida viola los reglamentos de la Organización Mundial de Comercio).
Tenemos otros intereses con China -el programa nuclear de Corea del Norte, el terrorismo, la situación de Taiwán- pero nuestra relación política depende en parte de nuestra relación económica. Si los costos económicos parecen ser demasiado grandes, envenenarán la política. El punto candente es ese enorme déficit comercial bilateral. En teoría, podría no importar. Los países no necesitan tener un comercio mutuo equilibrado para beneficiarse del comercio. Supongamos que China nos vende a nosotros y compra de Tailandia; después Tailandia compra de Brasil, que a su vez nos compra a nosotros. Todo el mundo se beneficia. Pero el débil crecimiento de empleos en Estados Unidos y el gran déficit comercial con China -que sugiere una "exportación de empleos" ilimitada- es una combinación política letal. Si continúa, podría generar dudas sobre la teoría económica estándar.
Un temor es que el reciente crecimiento de China sea el reflejo de una "burbuja" de crédito fácil que, una vez pinchada, frene las importaciones y haga que China acentúe aún más el crecimiento de empleos provocado por las exportaciones. Otro peligro es que China represente meramente el último estadio de la cadena de oferta de Asia y que Asia -en su conjunto- venda mucho más en el exterior de lo que compra, acumulando las ganancias excedentes en valores del Tesoro de Estados Unidos. Este comercio desparejo transfiere empleos a Asia. Es una razón por la que el gobierno de Bush ha presionado a China y a otros países asiáticos a revaluar sus monedas y hacer sus exportaciones menos baratas.
En 1980, China comerciaba poco, y la mayor parte de su población vivía al borde de la subsistencia. Ahora, todos quieren una porción del mercado de China, pero existe el temor subyacente de estar creando un incontrolable coloso. Todavía hay preguntas sobre cómo afecta China a la economía mundial, y sobre si China y Estados Unidos cooperarán o chocarán. No tenemos las respuestas, y -casi con certeza- tampoco los chinos las tienen.
Esto es así porque la acción preventiva obedece a cosas que podrían ocurrir en el futuro, más que a cosas que han ocurrido. George Tenet apareció este jueves diciendo que la inteligencia es un negocio muy impreciso. Uno nunca está completamente equivocado, nunca completamente en lo cierto.
Los críticos de lo preventivo utilizarán sus palabras para cuestionar la sabiduría de basar decisiones estratégicas en una ciencia tan inexacta.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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