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Una amiga de toda la vida


Nota del Editor: El día jueves de esta semana, sin que nos percatáramos o sin que quisiéramos percatarnos, se cumplió un año de la partida de Isela. Es asombroso como el tiempo puede dilatarse o ser un parpadeo, sobre todo cuando se trata de personas que de una manera u otra llegaron a estar muy cerca de nosotros. Hace un año cuando Urania Ungo nos sorprendió con la palabra final, escribimos estas líneas para esta abogada talentosa, y ser humano admirable.
Lamentarse no bastaría Isela, para que supieras, como sabías, lo que representabas para nosotros. Recorrer quizás en minutos o en horas de charlas, esa eternidad sublime que fue tu vida, que será tu recuerdo, que será la imagen intacta que dejas entre nosotros. Esa ráfaga fuerte, dinámica y entusiasta que nos mostraste los años en que, al amparo del Fermín Naudeau, descubríamos a la muchachada que crecía en nosotros. Esa fortaleza juvenil e indetenible que se te salía por los ojos y en la sonrisa, que dejabas caer sobre la blusa blanca y la falda gris piedra, en las charlas o en los debates de la gallada nodoísta. De aquella que nos acompañaba al smoking club o compartía las aventuras de aquel Chevy que llevaba muchas piezas atadas con hilos y con ganchos de cabello; que andaba más por la fuerza de tu voluntad que por sus condiciones mecánicas. Cómo no recordar tu trato de muchacha amable y fraternal: "Y entonces laopecillo, ¿estás listo para el examen?".
Lamentarse no basta Isela, dolerse quizás, amargarse tal vez, ante el rostro de esta muerte impertinente que te separa prematuramente de nosotros, y que nos niega la posibilidad de compartir contigo un par de años más, para seguir gozando de tus iniciativas, de tus preocupaciones constantes, de tu defensa inclaudicable de los derechos de la mujer, de los desvelos por tus hijos y de la constante angustia por buscar respuestas a problemas tan cruciales o tan sencillos y regulares, de esa manera tan tuya de buscarle respuesta a todo, o sacarle las interrogantes a cualquier fenómeno mudo.
Lamentarse no será de repente la forma de decirte cómo nos duele esta tarde; "hey, hay que echar para delante", como tu nos dirías una y otra vez, en las distintas etapas en que compartimos esta vida. Cómo olvidarte animada y feliz en aquel agosto de 1973 cuando de las aulas del Instituto Nacional nos llevábamos un triunfo para nuestro colegio; cómo olvidarte argumentadora y tenaz en las tertulias de esa generación que entraba en un escenario de herencias y de retos, dispuesta a hacer cosas aunque los obstáculos surgieran a cada paso. Cómo olvidarnos de tus saltos y de tus sorpresas, de esa disposición para hacer todas las cosas en grande, porque tú eras grande en cariño y en la decisión de iniciar empresas y llevarlas adelante, aunque te tuvieras quemando de dolor por dentro. Cómo olvidar tu barriga de mellos, tu sorpresa de mellos, y otra vez tu sonrisa y la vida confiada, tenaz y alegre derramándose por tus ojos.
Cómo es posible que alguien así pueda partir. Para coincidencias la vida. Este miércoles cuando nuestra hermanita, Uri, la más chica, la flaca terca, que ya no es tan flaca pero si más terca, me llamó con su voz de madre general, para decirme que te habías ido, me congeló en el tiempo, y no quise escuchar más de lo que decía mientras intentaba asimilar el dolor imprevisto que había detrás de su mensaje, que nos tomaba por asalto, aunque tu estado de los últimos meses ya fuera conocido; es que aunque conocida, la fatalidad nunca es bienvenida entre nosotros; yo acababa de salir del mismo lugar en donde, hace un par de meses, nos vimos por última vez Isela, donde te abracé y de ti un beso, y donde quedamos en vernos, y no nos vimos más.
Hoy cuando reflexiono sobre ese encuentro debo decirte que jamás sospeché que era nuestra despedida, porque de ti podía creer cualquier cosa, cualquiera de tus locuras dulces, pero jamás que podías partir como lo haces hoy.
Que bueno que nos dijimos con nuestros abrazos cuanto nos quisimos. Te vi allí sentada - recuerdas- conversando con alguien, con la actitud de siempre, y aunque conservabas en la miraba el fuego de la vida, te vi y te sentí nostálgica, pero no cambiaste, fuiste la misma ráfaga de toda la vida, el mismo viento seguro y bueno, y aparentemente despreocupado de la mujer poderosa, formal, de convicción, dulce y luminosa, y me agaché junto a tu silla para mirarte de abajo hacia arriba, con el mismo cariño de toda la vida. Ese que conservaremos siempre Isela, sin lamentarnos, te lo prometo, seguros de que hay un espacio vital que nos aguarda, para seguir compartiendo los pasos que iniciamos en este mundo.
Hasta luego hermanita linda, hasta luego alegría de nuestros días, dama de los mejores deseos y de las mejores promesas para los hombres y las mujeres de este planeta que naufraga en el universo, hasta luego Isela Alaníz. Si nuestro Dios nos permitiera nacer de nuevo, te juro cariño que por nada me perdería una amistad como la tuya.
Tu hermano, Julio Bermúdez Valdés.
En honor a Isela Alaníz de Chiari


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288251
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América