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Una carga que comienza a ser pesada para él


Cuatro días tuvo Alberto Acosta para pensar sobre lo ocurrido en aquel tercer partido de la serie final del LXVII Campeonato Nacional de Béisbol Mayor antes de presentar una solicitud de apelación al Tribunal de Honor y Disciplina de la Federación Panameña de Béisbol (Fedebeis).

Es obvio que el incidente que protagonizó con el árbitro Robert Rodríguez Curet fue algo que lo motivó a reflexionar, para llegar a la conclusión de que su reacción no fue la correcta y por eso se siente arrepentido.

Ahora el tirador de origen colonense se aferra a la esperanza de que se le dé un castigo menos severo al que determinó la Comisión Técnica de la Fedebeis, que fue de un año de suspensión. Una sanción que le dejaría inactivo por un lapso extenso de tiempo.

 

A nuestro criterio, la preocupación principal de Acosta es que, de mantenerse la sanción, tal y como fue establecida, eso podría significar el final de su carrera como pelotero. Nada lejos de la realidad para un lanzador veterano como él que le costaría retomar el ritmo de competencia, luego de pasar 12 meses de inactividad.

Ante estas circunstancias, la pregunta que surge es: ¿por qué no pensó en que sería castigado severamente antes de enfrentar al árbitro? Es cierto, lo debió haber pensado, pero no podemos juzgarlo porque en una situación como la acontecida en ese partido del 13 de mayo, donde la emoción domina a la razón, es difícil guardar la compostura. Prueba de ello fue la manera airada en la que el colegiado boricua reaccionó tras el contacto de la mano de Acosta en su rostro.

Reiteramos nuestra posición de que la conducta del lanzador no fue la mejor y merece una sanción, pero también somos conscientes de que se acoge a un derecho que le da el reglamento del torneo nacional y eso también hay que tomarlo en cuenta.

 

Recordemos, es de humanos equivocarse y también lo es arrepentirse.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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