Durante su prodigiosa carrera, la imagen de Jordan como héroe popular le permitió vender más camisetas y zapatos deportivos con su nombre que cualquier otro deportista en la historia. Su dulce sonrisa y su distinción ilustraron libros, abrigos, pantallas de cine y restaurantes, algunos de ellos de su propiedad.
Mientras acumulaba su fortuna, Jordan respondió a críticos creando una fundación que ayuda a financiar instalaciones deportivas en la ciudad de Chicago y a niños pobres. Las encuestas demuestran que es la personalidad con la que mayor número de niños estadounidenses desean hablar. Sin embargo, los adultos estadounidenses sólo lo colocaron quinto en la lista detrás de la Madre Teresa de Calcuta, Abraham Lincoln, Martin Luther King y Ronald Reagan. Sus críticos dicen que ha dado mal ejemplo por fumar puros y apostar jugando al golf o derrochando dinero en casinos.