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Una forma para aprender a pensar

Con las lecciones aprendidas sabemos que una iniciativa de esta índole puede montarse en cada feria del libro. Numerosas sonrisas de visitantes complacidos después de esta corta lección de arte son pruebas del éxito del museo virtual.


Rita Sagel de Swyter (diad@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Como voluntaria en la reciente Feria Internacional del Libro, mi trabajo consistió en preparar el contenido del Museo Virtual del Louvre, ubicado en el pabellón infantil del evento. Esta labor consistió en compilar más de 100 imágenes en alta resolución, al igual que una reseña explicativa de cada una, de obras expuestas en este famoso museo, ubicado en París, Francia, país invitado a la feria. Al final de largas horas de navegación, traducción y edición, tuve que entrenar a los chicos que iban a ser los guías virtuales mediante cinco pantallas gigantes, ubicadas dentro de un recinto completamente cerrado y oscuro. Cabe resaltar que yo soy ingeniera y, aunque he visitado muchísimos museos, incluyendo el Louvre, y aprecio el arte, no soy una experta en esta materia.

El día antes del inicio de la feria se logró reunir a ocho estudiantes universitarios para ser guías del museo virtual. Ninguno de ellos era estudiante de arte, así que lo primero que les dije fue que no estaban fuera de lugar y que el arte era para todos y que lo más importante era su interpretación y opinión del material que yo les proporcionaba. Ya que no estuve involucrada en el resto de este proyecto, como es el diseño físico y la logística de la exhibición, solo pude apreciar los retos que teníamos por delante a punto de iniciar esta aventura.

Durante los cinco días de la feria, estos guías tuvieron que improvisar el manejo de numerosos grupos de estudiantes de todas las edades, individuos y familias con diferentes conocimientos, mientras interpretaban el contenido recientemente aprendido, a veces tropezando con pronunciaciones desconocidas, midiendo el tiempo para que las múltiples presentaciones se pudieran oír dentro de un limitado recinto. Todo esto, mientras eran sometidos a elevados niveles acústicos de toda la algarabía que ocurría simultáneamente en el pabellón infantil, con altas temperaturas en esta “caja negra” debido a su hermetismo, falta de aire acondicionado directo, y la presencia constante de más de veinte personas. En todo momento, la sutileza y la urbanidad de estos chicos estuvo presente para atender a los visitantes, como si estuvieran en un verdadero museo.

Estoy orgullosa de que recibieron muchísimas palabras de felicitaciones y ninguna de reproche o crítica, ya que en mi larga experiencia como voluntaria, he comprobado que las críticas llegan más rápido que los elogios. Fue un deleite pasar ratos con ellos investigando datos sobre preguntas hechas por visitantes y que no podían absolver en ese momento. Fue gratificante verlos ir a comprar libros en sus ratos de descanso, a pesar de que su trabajo era agotador; lo sé porque en los ratos que los reemplacé quedé extenuada. Sobre todo, el ver a tanta gente complacida con esta muestra, llenó el pozo de mi recompensa y orgullo por el trabajo dedicado de estos estudiantes.

Como dijo Orit Btesh, presidenta de la Cámara Panameña del Libro y quien tuvo la idea de un museo virtual, esta exhibición fue “un parto”. Afortunadamente, este proyecto se gestó por su convicción y con el apoyo de los que nos involucramos. Con las lecciones aprendidas, sabemos que una iniciativa de esta índole puede montarse en cada feria del libro. Numerosas sonrisas de visitantes complacidos después de esta corta lección de arte son pruebas del éxito del museo virtual. Para mí, este éxito es también evidencia de que cuando tenemos las herramientas para pensar de manera crítica y poniendo la mejor voluntad, podemos incursionar en proyectos e iniciativas ajenas a nuestro conocimiento cotidiano y aprender mientras enseñamos a otros. La educación en nuestro país tiene que enfocarse en proporcionar a nuestros jóvenes las estrategias para aprender y no limitarse a contenido que se escapa enseguida, ya que ahora tenemos la información en la punta de los dedos, pero tenemos que pensar de manera crítica para interpretar esa información. Sobre todo, es importante que las generaciones jóvenes tengan mentores que los ayuden a navegar en este maravilloso océano de información.

Ingeniera, traductora y voluntaria profesional


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839586
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América