José Mario Anthony “Chalate” Torres no se hubiera imaginado un mejor final para esta película. Su Sporting San Miguelito echó mano del empuje, del orgullo, y, por qué no decirlo, de un fútbol atrevido para quitarse de encima la fama de eterno aspirante y terminar hundiendo a un desdibujado San Francisco de La Chorrera, en el estadio nacional Rommel Fernández Gutiérrez.
El Sporting, alentado por una fanaticada que estuvo de “diez”, se sacudió, la grisácea tarde de ayer, una pesada cruz de sufrimiento y de frustraciones que cargaba desde temporadas anteriores y culminó su obra maestra. Ganó el torneo Clausura 2013 de la Liga Panameña de Fútbol, dándole una lección al Sanfra de Gary Stempel, humillándolo, irrespetándolo.

Y es que ayer, Manolo Mirambel --quebrantado, emocionado, hecho un mar de felicidad y lágrimas hasta los tuétanos-- pudo comprobar que, en el fútbol, para ganar títulos, a veces, más pueden las ganas, el amor propio por la camiseta, que el bendito dinero.
El equipo académico que menos se pensaba, el de bajo perfil, el menos rimbombante, carentes de grandes fichajes, pero colmado de motivación, fue el que dio el zarpazo para, además, ganarse el derecho a disputar la próxima edición de la Liga de Campeones de la Concacaf.

A Gary Stempel no le quedó de otra que aceptar lo que le tenía deparado el destino. Su equipo apenas se vio. Y ni hablar del hombre al que confió la banda de capitán, José Luis “Pistolero” Garcés, un invisible actor secundario.
“Pistolero” pudo comprobar que, tal vez, su tren ya pasó. Él y sus compañeros seguramente anoche tuvieron pesadillas con Darwin Pinzón y Ricardo Clarke, una dupla en ascenso que hizo lo que quiso y como quiso con la defensa chorrerana.

Clarke, imparable, pícaro, audaz, durante todo el trayecto, anestesió la bravuconada del Sanfra al minuto 3, cuando de derecha, y a boca jarro, vacunó el arco protegido por William Negrete. Pinzón, cuatro minutos después, volvió a hurgar en la herida franciscana al superar a Negrete con una comba exquisita ensayada desde el borde del área. 2-0, Sporting soñaba.
Los “monjes”, embargados por la incertidumbre tras las dos cachetadas recibidas, amagaron con enderezar el empinado camino al minuto 10, cuando Amilkar James --quizás su hombre más insistente-- echó mano de un potente derechazo a balón parado para acercar a los suyos. Nada que hacer para el arquero Alex Rodríguez. Stempel tomaba respiro, parecía que lo peor había pasado, pero lo mejor del Sporting, claro, estaba por venir.
Gol para recordar, contragolpe de librito (min. 45). Clarke que pica al vacío, domina y cede el balón para Pinzón, quien se sacude con desdén a Negrete y la manda a depositar. La fanaticada explota y, con ella, las primeras lágrimas de un Mirambel incrédulo, extasiado, enloquecido, desquiciado por la felicidad al término de la primera mitad.
En el banquillo, entre abrazos y vítores, “Chalate” posaba con rostro de quien no lo podía creer. Y su actitud era comprensible: pocas veces se tiene la oportunidad de aleccionar, ya sea por fortuna o por mérito, a un amigo, a un maestro como lo es Stempel para él. Pero Clarke, convertido en pesadilla eterna, se encargó de hacerle ver a su técnico que lo que estaba viendo, efectivamente, era realidad: un Sporting convertido en aplanadora. El ariete, otra vez raudo, se encargó de exacerbar las penas de los dirigidos por Stempel, al poner el 4-1 definitivo (‘90) cuando ya parecía que era suficiente castigo.
Previo al gol definitivo, el elenco de La Chorrera había sufrido la expulsión, al minuto 69, de Alberto Quesada, tras cometer una falta sobre Pinzón que el árbitro Roberto Moreno sancionó con amarilla --la segunda del defensor-- para luego enseñarle la pálida.
Es el primer título del Sporting San Miguelito desde su llegada a la categoría de honor del balompié nacional en 1997.