Llegó como los grandes, y salió como lo que es... ¡Gran campeón! Irving Saladino causó sufrimiento, suspenso, alegrías, pero sacó la casta que lo ha llevado a consagrarse como el número uno del salto de longitud.
Irving fue el estandarte, la luz, ese estallido sonoro que recorrió la antigua China para brindarnos esa satisfacción dorada, celestial, que nos ha puesto en la cúspide de la gloria universal.
Saladino ganó, cumplió con su promesa, y ha hecho de estos Juegos Olímpicos algo inolvidable, que perdurará a través del tiempo, de los siglos.
Nunca antes los panameños habíamos sentido esta satisfacción, ese placer que produce salir triunfador en un evento deportivo de grandes.
Aquel 8,34 que nos dio el oro olímpico quedará grabado como tinta indeleble en nuestra memoria, en nuestros corazones.
En Beijing, Irving fue lo mejor y cumplió a cabalidad con su libreto de "Salvador de la Patria".