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Una orden de blindaje, por favor

Imponderable Zeus, tú, que sabes que abandoné mi ateísmo por lo aburrido que sería no creer que un misterioso magnetismo sideral inventó el tiempo y ...


Imponderable Zeus, tú, que sabes que abandoné mi ateísmo por lo aburrido que sería no creer que un misterioso magnetismo sideral inventó el tiempo y el espacio. Tú, que presides mi larga y sincrética estantería de dioses ¿podrías proveerme de un blindaje, por favor? O, si resulta que es mucho trabajo para ti, me conformaría con que me des la dirección del río Estigia para darme un buen chapuzón. Estaré atento a que una hoja del melancólico otoño infernal no me caiga en ninguna parte del cuerpo? en ninguna. Me zambulliré completamente en pelotas, me quitaré hasta la curita que cubre el raspón que me hice bajando una papaya. No dejaré a mis enemigos ni un pedacito de talón, ni una oreja, ni el meñique donde puedan golpearme. Quiero estar completamente blindado. ¿Será posible, gran Zeus? Yo sé lo jodedor que eres, por lo que te ruego que no desvíes mi solicitud respondiendo burlonamente que debo acercarme a los semidioses de mi época, los diputados de Panamá, para que sean ellos los que me indiquen cómo lograr un invencible blindaje. Lo de ellos es otra cosa. Yo no necesito ese tipo de armadura. Mis viejos pecados ya los fui purgando durante mi largo periplo. Ellos apenas si comienzan su marcha hacia la riqueza (que casi siempre es culpable aunque también provea cierta invulnerabilidad). No necesitan los buenos padres de mi patria baños estígicos, les bastará con la gentil regadera de una ley y ¡zas, blindados para siempre! Pobrecitos Honorables, nosotros, los piadosos panameños los entendemos. Se encuentran muy vulnerables. Además sus humildes prebendas apenas les alcanzan para sus beatíficos gastos. Necesitan, como buenos mortales que son, tener la seguridad de que cualquier desliz que les descubran (aunque justificado por las innumerables necesidades, ya usted sabe, el futuro de los hijos, las comadres, los compadres) no los empuje a un vergonzoso encierro.

Una sincera y honesta voz se deja escuchar en el sagrado ámbito de la Asamblea: "¡Blindaje para todos, votemos!". ¡Diablos! Ya hubiese querido el rey Arturo y Lanzarote una armadura igual. Y yo, me da vergüenza, tan pedigüeño, sueño, si no con blindaje completo, al menos con un casco, aunque sea la bacía del Quijote, más gracioso que el yelmo de Mambrino, porque mi talón de Aquiles está en mi nariz.


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999328
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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