A un recuerdo como, metódica y ordenadamente, organicé las lecturas que haría durante los siguientes 5 años. En aquel entonces contaba 18 años y de forma mágica o predestinada, cayó en mis manos una colección de la editorial Penguin, de las obras casi completas de Dostoievski, Tosltoi, Turgenev, Pushkin, Lermontov y otros de las letras rusas. Estaba extática, ya estaban resueltos los próximos 5 años.
De más está decir que me convertí en una fanática de los rusos, logrando leer aparte de la colección que compré, todo lo que pude encontrar en las escasas librerías que en aquel entonces teníamos en Panamá. Con el tiempo descubrí Argosy y ahí pude recrearme encontrando raros ejemplares difíciles de localizar en el mercado panameño.
Hoy tengo rusos de antes de la revolución como los ya citados, de durante la revolución como Bulgakov, Evstushenko, Ostrovski y otros de después de la revolución como Solschenitzin, Nabokov, Pasternak y otros. Y hay algo que sin lugar a dudas puedo definir como una constante en el carácter ruso y es: la coherencia de su espíritu que se ha mantenido siempre cargado de pasión y de torturas existenciales, el eterno frío y el vodka, los suculentos manjares y los raros platillos. Aquéllos ricos, aquéllos pobres, son las descripciones más perfectas, más sublimes, más trascendentales que he tenido la dicha de leer. Es la descripción sin subterfugios del alma y del espíritu del hombre.
Se impregna mi corazón de nostalgias al recuerdo de aquella gloriosa época, la devoción absoluta que dediqué a estas lecturas sólo es comparable a la devoción absoluta que siento por mis hijos. El gran apremio por llegar a mi casa y tomar amorosamente el libro que estaba leyendo por entonces, la terrible sensación de vacío cuando terminaba de leerlo y la eterna pregunta, como en el amor, ¿volveré a sentir lo mismo? Y así es, una vez hemos sentido lo que es un buen amor, creamos en nosotros la capacidad de volver a amar mucho más y mejor aún. Hablo de amor real, por supuesto, no de aventuras pasajeras, esas se queman como hojas secas, en cualquier hoguera.
Durante esos años, que hoy catalogo como los más tórridos de mi vida, leí incansablemente, haciendo de estos escritos y escritores mis compañeros más fieles y apasionados, mis contertulios de eternos diálogos y de intercambios intelectuales, del cómo vivir la vida, de la magia de la lectura y la gran pasión que se desprende de ésta, el ver que para muchos esto no es más que un entretenimiento y una forma de pasar la vida, mientras que para otros, es la vida misma.
Entre los rusos guardo especial afecto por Dostoievski y su espíritu torturado, qué habilidad tan magnífica para leer el alma humana con todas sus bajezas, su pequeñez y con un solo y magistral detalle mostrarnos de igual forma la grandeza de la cual somos capaces. Los valores de la sociedad muestran su desvío en "El Idiota", y podemos ver y palpar como los problemas de entonces se mantienen vigentes, estamos en un mundo donde la bondad, el sacrificio y la comprensión nos convierten en seres catalogados de tontos, débiles e incapaces. Muchas veces decimos que el mundo ha cambiado, pienso más bien que los valores y la educación que deben acordarse los seres humanos entre sí, ha cambiado y se ha vuelto mediocre, como era probable por la gran apertura social hacia la que progresó la humanidad, ya no aspiramos a lo mejor, lo auténticamente mejor que podamos hacer, cosas medio hechas, decimos "este es mi mejor empeño" y… ¿lo es? Realmente lo dudo, creo que la época de la excelencia ha llegado a su fin, y entramos y encontramos al Hombre Mediocre de Ingenieros y al magistralmente descrito por Ortega y Gasset en "La Rebelión de las Masas". Hombres a medias sin una visión de futuro, de excelente desempeño y de sueños grandiosos y nobles.
El retrato de la vida y de los hombres, en realidad, solo lo encontramos en los libros, no creo que en una vida podríamos conocer tan íntimamente a tantas personas, ni hablar tan abierta y llanamente con ninguna de ellas. Los libros nos dan la vida y el conocimiento, los viajes que no hemos realizado y muchas veces los amores que no hemos logrado. Nos pueden dar los sueños y los anhelos, sentir que hemos vivido al mejor estilo de nuestras aspiraciones, sin haber despegado nuestros ojos de muchas páginas impresas.
Cuando veo un libro y pienso que me agradará, no puedo evitar acariciarlo, mirarlo con aprecio y curiosidad y olerlo, sobre todo olerlo, ese olor a tinta, a papel, a imprenta y sueños que tendría aun que descubrir, es lo más seductor que de tiempo en tiempo pasa por mi vida. Sin embargo, es la más perfecta de las pasiones. Sólo sabe dar y yo fanática lectora, sólo se tomar todo lo que me ofrecen.
¡Ah! Los rusos, aquellos rusos, Raskolnikov con sus tremendas torturas, tentaciones, y pobreza, Alyosha, con su ecuanimidad, y Misckin con el cual me fue difícil no identificarme, en algún momento sentí que éramos realmente espíritus afines.
¡Ah! Y el hombre o no lo sabe, o aun no decide que la única posesión de gran valor que tiene en su haber y tendrá por siempre, se encuentra en su cerebro y está archivada en su memoria.