El lleno era de feria. No cabía ni el clásico alfiler en el Estadio Olmedo Solé.
Una ojeada al reloj y se pudo comprobar que faltaban dos horas para que el árbitro jefe, Edgar Stevenson, estremeciera el coliseo tableño con el grito de "playball", para que así entrara en escena el cuarto partido de la final del Campeonato Nacional de Béisbol Mayor 2008, entre Los Santos y Veraguas.
El aire que se respiraba era de Carnaval. El sonido de la batucada se mezclaba con la churuca, el tambor y el acordeón, que estaban ubicados en otro punto del estadio.
Los fanáticos, por su parte, no dejaban de bailar y aplaudir ante una verdadera fiesta de béisbol.
Era evidente que "Su Majestad" se había apoderado de los corazones de los santeños, porque habían asistido desde muy tempranas horas a apoyar a su novena.
Fanáticos de verdad
El reloj marcaba las 3:16 de la tarde cuando 10 Deportivo tuvo el primer contacto con el campo de batalla.
En ese momento, ya los fanáticos santeños habían llenado la gradería de sombra, mientras que otros iban poco a poco apoderándose de los "blichers", que eran castigados sin piedad por los rayos del sol.
El calor era sofocante, pero era evidente que a nadie le importaba, a falta de cuatro horas para que arrancara la acción.
Con una visita a la boletería del coliseo, se pudo comprobar que muchos fanáticos separaron sus respectivos puestos desde las 9:30 de la mañana.
"Cuando se abrieron las puertas del estadio, todo el mundo entró con papel y cinta adhesiva para separar sus asientos. Los boletos se comenzaron a vender también desde las 9:30 de la mañana", dijo Edilma Espino, quien se encargaba de vender los boletos en la taquilla.
"A la 1:00 de la tarde hicimos la primera liquidación de 1,500 boletos. Sé que el estadio se quedará pequeño, porque el público que viene es grande", agregó.
Al instante se comprobó que los niños pagaban dos dólares, mientras que los adultos cuatro, para cualquier punto del coliseo.
Ventas por todos lados
Barquillos, carnes con yuca, carnes en palitos, chorizos, hamburguesas y toda clase de objetos, entre suéteres, gorras y pañuelos relativos al equipo de Veraguas y Los Santos, se podían conseguir afuera del estadio.
Celia Pérez, quien ya tiene más de dos años de vender carnes con yuca en las afueras del Estadio Olmedo Solé, dijo que la venta había sido movida, a pesar de que faltaban cuatro horas para que se iniciara el juego.
"Cada plato lo vendo en un dólar. Sé que todo lo venderé con la ayuda de Dios. Lástima que no se jugaron más partidos de la final en este estadio", precisó.
"Creo que debieron hacer más partidos de la final aquí. Es más, pienso que deberían hacer un nuevo estadio", añadió.
Aquella petición fue espontánea, pero era evidente que salía del corazón.
Ni el clásico alfiler
Con la inquietud de doña Celia, 10 Deportivo hizo su entrada al estadio.
Una "Marea Naranja" invadía la grada de sombra, decidida a aplaudir y a gritar cada jugada de la tropa santeña.
Niños, jóvenes y adultos... era evidente que nadie se quería perder el último partido de la versión 65 del Campeonato Mayor en la ciudad de Las Tablas.
Sin embargo, en este mar de alegría se pudo comprobar que el coliseo se había quedado pequeño ante una de las mejores aficiones de la temporada 2008.
¿Y ahora?
La batucada despertó a la "Marea Naranja", que rápidamente comenzó a moverse al ritmo del contagioso sonido.
De repente, como un rayo fulminante, una interrogante hizo que el sonido alegre pasara a segundo plano.
"¿Cómo vamos a hacer para ver el juego?", dijo una joven que no escondía que era fanática del equipo santeño.
La inquietud de la fanática, que luego se identificó como Yarielis Hernández, nacía porque ella y un grupo de amigas, tuvieron que conformarse con separar una parte de las primeras líneas de la grada de sombra.
"Será difícil poder observar aquí el juego sentada, porque las personas no dejarán de pasar cuando arranque el partido", comentó.
Pero en medio de esta preocupación, Yarielis comenzó a irradiar alegría.
"Yo sabía que el juego lo iban a transmitir por televisión, pero no es lo mismo cuando se viene al estadio", enfatizó.
En medio de su entusiasmo, Yarielis no desaprovechó la oportunidad para hacer pública una petición.
"Así como lo están haciendo en Veraguas y Herrera, nosotros los fanáticos santeños nos merecemos un nuevo estadio, donde podamos disfrutar de un juego cómodamente sentados", acotó.
Apoyo leal
Muy cerca de Yarielis, estaba el fanático más leal del equipo santeño.
Hablamos de Jeremías Díaz Quintero, quien aseguró que tenía 83 años de edad.
"Yo estoy aquí desde las 4:00 de la tarde. No sé si me voy a quedar todo el juego, porque el estadio está muy lleno. Ojalá que algún día construyan un estadio más grande aquí en Las Tablas", dijo Jeremías.
Al final, y a pesar del entusiasmo que sentía por ver a Los Santos jugar, Jeremías se retiró del coliseo antes de que se gritara "playball".
La razón era obvia: no iba a poder disfrutar del juego, por la cantidad excesiva de público que se quedó de pie frente a él.