Hojeando el Programa Oficial, me detuve a ojear el informe del Cuerpo de Comisarios correspondiente a la semana anterior. Por un lado, llego a la conclusión de que están justificando sus salarios porque en casi todas las carreras intervienen y, por el otro, me convenzo de que la pista de carreras es tierra de nadie.
En la mayoría de los eventos se reportan incidentes que van desde cambios bruscos de línea de algunos ejemplares, producto de la impericia o la malicia de sus jinetes, hasta por los sospechosos y folclóricos reportes sobre sillas corridas, piques defectuosos o el cajonero: “mi caballo no respondió o terminó agotado”.
Sumemos a lo anterior las investigaciones y los reclamos que son tan comunes como ensalada de toldo en tiempo de feria. Me atrevo a apostar que en el hipódromo nuestro es -en proporción de la cantidad de carreras y reuniones que se realizan-, donde más incidentes y reclamos se producen en la pista. Usted no puede ganar sin que después el corazón no se le mude a la garganta debido a que lo ponen en ascuas con el tiritar de los emblemas de reclamo o investigación en la pizarra de apuestas.
Pero lo anterior es “chicha de guaba” comparado con lo sucedido en la sexta del domingo en la que el favorito, Vindicate, se quedó en el partidor y con él la plata de los apostadores.
El informe que registra lo acontecido mueve a la risa, aunque uno debiera llorar cuando se ve de frente con tanta desfachatez. En primera instancia, los comisarios señalan que el caballo de marras “se negó a partir, a pesar de que estaba dentro del partidor”. A contrario sensu, el jinete Raymundo Fuentes apuntó que “su ejemplar no había entrado cuando dieron la partida”. Y la cereza al cake la pusieron, a dos manos, el palafrenero y el veterinario de turno. El primero explicó que “el ejemplar Vindicate tiene tendencia a quedarse parado al momento de la partida y que es cierto que la puerta de atrás no la cerraron, pero que esto no lo afecta en nada para partir”. Su ridícula versión tomó músculos al ser respaldada por el veterinario, quien dijo que “el que no se haya cerrado la puerta de atrás del partidor no es motivo para que el ejemplar Vindicate se negara a partir”.
Al día de hoy nadie ha explicado la razón por la cual la puerta no se cerró. No se sabe si fue un descuido, una decisión para tratar de ver si Vindicate se desempeñaba mejor en vista de sus comprobados antecedentes de mal partidor o, sencillamente, alguien decidió experimentar.
Lo que sí es cierto es que este caballo ha mostrado cierta torpeza para picar, pero de eso a quedarse parado dentro y no moverme, hay un mundo de distancia.
A Vindicate la gatera se lo tragó y con él también se engulló la plata de la gente.
Si fuera contundente aquello de que el hecho de que la puerta esté abierta no incide en la intención que tengan los caballos de partir, entonces nos preguntamos por qué no dejan abiertas todas las puertas y así se ahorran el trabajo de cerrarlas y permiten que todos participen en las mismas condiciones como lo dispone el reglamento.
Una vez más los comisarios se quedaron cortos porque ante el reporte recibido y lo contundente de las evidencias, lo pertinente era, por lo menos, devolverles el dinero a quienes apostaron a Vindicate debido a la irregularidad con que se produjo el hecho.
El entrenador Roberto Arango nos comentó que “a diferencia de otras veces, ni le pegaron ni hicieron nada por estimular al caballo para que este saliera”. Tras conocer la versión que le dio el jinete, a su juicio, debieron “eliminar” la carrera.
En un ambiente más serio, en el que la lógica y el sentido común imperaran, esto sería posible, pero no se puede estar creyendo en pajaritos preñao’s cuando estás en tierra de nadie.