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Una rareza la postrimería de la tarde hípica


Todas la carreras son importantes para los hípicos, pero la primera de la cartilla y la que cierra el telón son las que hacen desbordar sentimientos que oscilan entre la esperanza y el delirio.

La primera carrera simboliza la esperanza porque antes de la misma y después de pasar parte de la noche y media mañana “estudiando” el librito, todo parece infalible.

Después que se da el primer timbrazo y el favorito pica mal, comienzan a caer las esperanzas, una y otra vez, hasta llegar a la última carrera. Allí, enfrenta el delirio y, en muchos casos la desesperación.

 

Quienes fueron ”golpeados” en el intermedio, seguramente ya se habrán ido y los sobrevivientes deciden “lanzar el último mohicano” a ver qué sucede. Es un momento intenso.

De repente un jinete que debió montar a una de las participantes de esa última carrera -la de la salvación- se niega a montar porque un entrenador “lo cuestionó en cuanto a su condición física, sintiéndose el jinete ofendido”.

La carrera parece estar circunscrita a tres yeguas. La mayoría de quienes apostaban “su último mohicano” dividen sus esperanzas entre ellas.

 

El jinete “ofendido” dejó a todo el mundo plantado. Obviamente, él sabía que ella no tenía oportunidad.

Pocos segundos después, por los altavoces comienzan a clamar por la presencia de “cualquier jinete” para montar”. El tiempo pasaba, todo el mundo esperaba, hasta que de la nada apareció un voluntario. En segundos hizo el peso, se colocó el atuendo y salió montado sobre la yegua.

Finalmente, todo está listo, entran al partidor, dan una vuelta a la pista. Ganaron las que tenían que hacerlo y la que se convirtió en protagonista sin merecerlo, llegó a 90 cuerpos de la ganadora.

 

¡Qué espectáculo más ridículo y deprimente! Y, aunque parezca un cuento, no lo es. Eso ocurrió aquí el domingo pasado.


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703539
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América