Un punto más y matemáticamente la liga será azulgrana. La victoria del Barcelona ante el Espanyol (2-0) deja al equipo de Guardiola a un empate de conquistar su vigésimo primer título liguero de la historia.
En un plácido partido de los barcelonistas, conducidos por la clarividencia de Andrés Iniesta, que hoy ofreció una clase magistral de fútbol, los azulgranas no tuvieron que emplearse en exceso para conseguir su objetivo.
Un gol de Iniesta, en el primer tiempo, y otro de Gerard Piqué, en el inicio del segundo, rubricaron la victoria del Barcelona, un equipo que jugó con el freno de mano puesto durante muchos minutos del segundo tiempo ante un rival en el que solo Osvaldo dio muestras de calidad.
En teoría, Mauricio Pochettino planteó el partido para buscar al Barça en su campo. Un doble pivote y tres mediapuntas, con Osvaldo como referencia en ataque, para presionar en su campo a los azulgranas, pero el intento se desmoronó en veinte minutos.
Bastó que Messi entrara entre líneas, que Iniesta maniobrara con soltura, y que Xavi se sintiera más suelto para que los locales sitiaran la meta del guardameta Kameni.
Se resguardaron los blanquiazules en un 4-5-1 y el Barça empezó a sentirse a gusto, a controlar el juego y, cuando eso ocurre, el rival tiene pocas opciones.
Con el 2-0, el Barça bajó su intensidad. Bajaron pulsaciones, economizaron esfuerzos, pensaron los futbolistas barcelonistas en el próximo miércoles y Pep Guardiola le dio veinte minutos a Eric Abidal, seguramente también pensando en el futuro, en el partido del próximo miércoles o más a largo plazo en la final de Wembley.
En el último cuarto de hora, estuvieron más pendientes de que pasaran los minutos que de otra cosa.