Cuando un ser humano certifica, con su actitud, su creencia en el hombre y en su capacidad para crecer, crear y hacer cambiar las cosas que merecen tal destino, está cumpliendo con su deber. Cuando uno cumple con su deber, no espera que el universo se detenga para mirarle pasar. Se hace, dice Martí, lo que se tiene que hacer cuando se tiene que hacer.
Situación análoga se antoja con la UTP, que continúa haciendo rutas, tanto en su gestión académica, como de investigación y de desarrollo institucional. En sus 29 años, tiene la edad de una joven madura, crece hacia arriba, hacia afuera y hacia dentro.
Fundada en un sueño en 1975 como Instituto Politécnico se convierte en la UTP de hoy, mediante la Ley 18 del 13 de agosto de 1981. Su oferta académica actualmente es de 131 carreras mediante las modalidades de enseñanza online, presencial y semipresencial.
Sus autoridades están comprometidas, sus colaboradores se comprometen y sus estudiantes perciben ese compromiso, atendiendo sus deberes tanto en las aulas del Campus Víctor Levi Sasso, como en los centros regionales.
Las universidades de un país están llamadas a cumplir un rol con la sociedad; su proyección debe ser determinante en las rutas de cambio, pues el sistema educativo, ya se ha dicho, influye en la competitividad de un pueblo. En 10 mil días y más ha entregado a la patria más de 30 mil profesionales.
Sus egresados son reconocidos ahí donde ponen su capacidad, conocimientos e inteligencia, y resultan materia prima del desarrollo del istmo. Sus aportes en la investigación son reflejo del desarrollo, así como los servicios que ofrece para “solucionar problemas reales” impactan en las empresas.
Hoy por hoy, decidida a crecer, cuenta con su propio campus y recientemente inauguró el edificio 3, que cuenta con una especie de triángulo de la cultura, pues ahí se encuentra la librería, la biblioteca y el memorial Rogelio Sinán, lo que evidencia un espacio importante y determinante abierto y en función de su rol, como el punto nacional de cultura, en que se ha convertido.
Dice Martí: “La felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace y amar lo que se alcanza” Al respecto, en la UTP, considerada la institución estatal de mayor jerarquía en educación superior científica y tecnológica, se ama lo que se ha alcanzado.