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Uno es lo que lee


Cuando se ha dedicado algún tiempo de la vida a escribir, a juntar palabras que lleven algún sentido para los lectores potenciales, el hecho de que algunas veces ese ejercicio maravilloso, eso que en algún momento se convierte en oficio diario se ve afectado precisamente por la adversidad, algunas veces, y por las complicaciones del diario oficio, es decir, el laburo se vuelve doloroso. La prisa te devora, te come las uñas la inmediatez, te tira de los cabellos el que no venga a la memoria la palabra adecuada, el corazón se vuelve un enemigo en el pecho urgido por el amor a las palabras.

Todo es lenguaje desde esos dos extremos que viene a ser la vida, que nos mueve lentamente y hasta la postrera. Estamos hechos de palabras. Los pensamientos son carne de palabra, las palabras de amor también. Por eso, uno nunca debe decir que no sabe qué decir o no tengo palabras, justamente porque para nombrar ese silencio estás utilizando la lengua que es más rica que el silencio.

No es lo mismo no saber cómo decirlo, que no tener qué decir. En la primera opción se tiene el conocimiento del caso, pero el desconocimiento de las palabras adecuadas para nombrar la emoción o los conceptos para adobar una conversación. En el segundo caso, el interlocutor está condenado al ostracismo y la razón, querido muchacho, es que no has querido involucrarte con las palabras, es decir, con los libros, es decir, con la lectura.

 

Ese es el secreto a voces, la clave del éxito, o por lo menos la ruta por donde hay que andar para llegar donde se quiere. Lo que sea, cualquier cosa, son respuestas que ofrece cuando se te entrevista para algún empleo. Esos no son trabajos. Este es el mejor de los ejemplos de por qué debes manejar lenguaje. Vas a conseguir eso que pides, si tuvieras mucha suerte, como están las cosas.

Soy un convencido de que no se sabe preguntar, porque no se conoce el poder que le dan las palabras a cada cual. Si no tenemos palabras, vocabulario, discurso, jamás nos sabremos defender. Porque para atacar y defenestrar al prójimo ya se siente un arsenal de improperios y garabatos que la mayoría maneja con maestría y utiliza según sea la causa.

Dicen que uno es lo que come, pues uno también es lo que lee, lo que sabe.

 

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718929
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América