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Va a resultar que el dicho es cierto


Me refiero a ese dicho que afirma que Dios es panameño. Generalmente se escucha cuando ocurren ciertos eventos que en cualquier otro país resultarían con un balance terrible de muertos y heridos y aquí se saldan con un par de moratones y la historia para contar con unas frías entre amigos el domingo siguiente. Aunque yo no me lo creía, últimamente estoy empezando a convencerme, pero no por las razones antes aludidas, no. En realidad la cosa va más allá, mi inicio de convencimiento se debe a que no me explico cómo es posible que este país progrese.

Cada día me pregunto más a menudo cómo es posible que las cosas funcionen y que no estemos involucionando hacia estadios previos a la civilización digital. O sea. Que haya crecimiento económico, que no colapsemos, a mí me asombra día tras día. En cualquier otro país donde ocurrieran la mitad de las cosas que pasan aquí, o se enzarzaban en una guerra civil eterna, o unos cuantos se volvían locos cada tanto tiempo y se dedicaban a matar compatriotas y a comerse sus higadillos, o todos a una se iban por un barranco.

No es posible que exista tanta incompetencia junta en un mismo país (y aquí háganse las excepciones pertinentes al caso) y no es posible que unos cuantos panameños eficientes y trabajadores tiren del carro de los otros haraganes. Porque ustedes me dirán lo que quieran, pero con ejemplos se lo demuestro: esta semana he descubierto que en contabilidad de uno de los hospitales más popof de la ciudad capital no saben contar, ni siquiera saben hacer las operaciones más simples, como sumar y restar. En menos de cuatro horas, y entre por lo menos tres personas, no han sido capaces de hacer una operación tan sencilla como sumar lo que se debe, y restarlo de lo que se pagó para saber lo que hay que devolver. Me dieron cuatro cifras distintas y tan dispares que al final me quedé con la sensación de que, o eran imbéciles profundos o estaban tratando de embaucarme.

 

Por otra parte tenemos las grandes compañías que llegan como la panacea de todos los males del subdesarrollo creyendo que aquí la gente anda aún con plumas en la cabeza (pido perdón por la expresión a los señores hermanos originarios) y en cuanto llegan, empiezan a parecerse cada vez más a aquellos a los que supuestamente venían a salvar. Porque es una vergüenza que la compañía eléctrica, que todos conocemos y odiamos, se pase por el forro la eficiencia y tarde más de tres horas en restablecer el servicio de luz interrumpido por un árbol caído sobre una línea, daño provocado por la lluvia. Señores, siento comunicarles que árboles sobran en esta ciudad, que las líneas no deberían ser aéreas a estas alturas de siglo, y que aquí llueve que te cagas más de doscientos días al año. Que ustedes no sean capaces de manejar estas contingencias de una forma más veloz demuestra que son unos gaznápiros incompetentes para todo menos para cobrar. Así nos podemos ir, en los restaurantes el mal servicio es proverbial, aunque se cubren con el manto del esnobismo y se creen que por prohibir la entrada con pantalones cortos ya mejoran automáticamente sus calificaciones; las autopistas son cuellos de botella en los peajes, donde los que cobran parecen tener que contar con ábaco; los servicios de atención al cliente de los concesionarios de autos son para llorar… y seguimos y no paramos en la irresponsabilidad, la pereza y la ineficiencia. ¡Y con todo esto el país progresa!

Definitivamente, Dios es panameño.


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803630
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América