Si se busca la lista de países que ya cuentan con una orientación hacia el respeto a los derechos de los escritores y editores, esta es grande.
Por ejemplo, en Argentina está el Centro de Administración de Derechos Reprográficos (Cadra) que se identifica como “una asociación de autores y editores de libros y otras publicaciones que protege y gestiona colectivamente los derechos de autor en Argentina”.
Según Cadra, en los últimos años las reproducciones ilegales y sin compensación crecieron exponencialmente a raíz de las innovaciones tecnológicas, lo que, además de desalentar la producción de escritores y libros, afecta el desarrollo cultural.
Organismos similares también se encuentran en Chile donde existe la Sociedad de Derechos Literarios (Sadel) y en Colombia donde se conoce del Centro Colombiano de Derechos Reprográficos (CDR).
Hay iniciativas similares en Brasil, Uruguay y, por supuesto, en España, conocida por su inmensa producción bibliográfica y su extensa variedad editorial. Y en todos los casos se ha logrado beneficios.