Venezuela comenzó a repatriar ayer a unos 2.600 campesinos que huyeron de la violencia en un poblado fronterizo de Colombia, en un operativo conjunto con el gobierno de Bogotá.
Los primeros 10 autobuses, de los 40 que se requieren para trasladar a quienes Caracas llamó "desplazados en tránsito", llegaron con unos 450 refugiados a principios de la tarde a Boca de Grita, fronterizo con el colombiano Puerto Santander.
Las familias esperaban su chequeo en listas para ser transferidos a autobuses colombianos, en los cuales serán trasladados algunos a Cucutá. Otros serán alojados temporalmente en Puerto Santander para luego devolverlos a La Gabarra, lugar de donde huyeron por supuestas amenazas de muerte de grupos paramilitares.
Venezuela los albergó a solicitud del gobierno colombiano y los concentró en la población venezolana de Casigua El Cubo en el estado Zulia, cerca de la línea fronteriza, donde han recibido alojamiento en carpas, comida y atención médica.
El general Efraín Vásquez, comandante de la Primera Guarnición Militar del Zulia, dijo a Reuters que hasta la noche del viernes habían llegado 2.194 colombianos, cifra que aumentó en la madrugada con la llegada de otros 400. "No vienen más por ahora", dijo el militar, aunque no descartó que pueda repetirse la movilización. "Desafortunadamente si las cosas se agravan al otro lado de la frontera, pudiera volver a suceder".
Desde hace años, cientos de colombianos ingresan a territorio venezolano a través de "caminos verdes" conocidos popularmente como "trochas" que esquivan los puestos de custodia de la Guardia Nacional venezolana. Pero es la primera vez que se verifica un éxodo tan numeroso, en un solo período.
El secretario del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, Alejandro Borda, dijo que ha habido coordinación entre ambos gobiernos y que su país está "más que agradecido ... Es una prueba de los excelentes enlaces que existen entre los dos países".
En el operativo también participan instituciones y organismos de derechos humanos como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Cruz Roja Internacional.
Aunque se esperaba completar la repatriación el sábado, un general del ejército venezolano dijo que el proceso podría demorarse hasta el domingo.
Una fuerte custodia militar rodeaba a gente que cargaba de vuelta bolsas con comida, ropa, electrodomésticos y hasta televisores.
María Sanguino, una mujer de mediana edad, bajó de uno de los autobuses cargando un loro dentro de una caja. Con lágrimas en los ojos dijo que volvería a La Gabarra, "a buscar a mis tres niños. No se dónde están". Hay diversas versiones sobre los motivos para la huida y cuando comenzó. Iván Villamizar, de la defensoría del pueblo del Norte de Santander, una organización no gubernamental de Colombia, dijo que lo que "creó pánico" fueron amenazas de muerte que hizo un grupo de autodefensa (paramilitar) a pobladores de La Gabarra.
El inspector general del ejército colombiano, general Mario Roa, dijo que la versión manejada es que había siete cadáveres y se hablaba de muchos más: "Hay confusión, es una situación de guerra irregular donde domina la desinformación".
Roa aseguró que el ejército colombiano ya tiene el control de La Gabarra. Venezuela dio albergue a los desplazados en campamentos provisionales e instaló a los hombres en un puesto de la Guardia Nacional.
Francisco Clara, quien a sus 70 años dijo haber vivido siempre en La Gabarra, llegó a Casigua el viernes en la noche. Tapaba su rostro del sol con un sombrero de paja que acompañaba su vestimenta de campesino, con botas de goma y ropa manchada del trabajo agrícola.
Clara justificó su salida de Colombia a que hace ocho días mataron a su hermano de 55 años: "No se sabe por qué, venía con un grupo de gente y los paramilitares lo pararon en el camino y mataron a todos. Había siete (víctimas)".
Las mujeres, varias embarazadas o con recién nacidos, fueron ubicadas en un terreno de una escuela preescolar, en el cual también se abrió espacio para otros niños.
Luz Meri Carrascal, con cinco meses de embarazo y una niña de tres años, dijo que huyó con su esposo y un sobrino de cinco años y que entre las cosas que "pudo agarrar cuando salimos en la noche" fueron un saco con cuatro pollos vivos y un oso de peluche de su hija.
"Si las cosas siguen así, de ninguna manera vamos a poder regresar ahí", comentó. Tenía dos noches en Casigua.