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A ver si lo dejamos claro

Si a un policía le toca estar a pie firme en medio de la calzada cuando unos cuantos babancos se les ha ocurrido cerrar vía, pues mala suerte. He escrito en alguna ocasión defendiendo a policías, pero igual que se defiende cuando se debe, también se golpea cuando se merece.


…de una vez por todas: los policías trabajan para los ciudadanos. Los cuerpos de seguridad del Estado están pagados con los impuestos de todos nosotros. Trabajan manteniendo la ley y el orden. Nos deben a todos los que pagamos su sueldo un respeto exquisito. No estamos en un estado militar, ni se ha proclamado el toque de queda o un estado de excepción, por lo tanto, no se justifican determinadas actitudes. Punto. Lo único que explica esas salidas de tono es la mala educación y la seguridad de quedar impunes.

Si a un policía le ha tocado estar a pie firme en medio de la calzada un día en el que a unos cuantos babancos se les ha ocurrido cerrar vía y tiene que aguantarse a los conductores cabreados, pues mala suerte, querido mío. Te jodes. Ese es tu trabajo. El mío es otro. Y a veces tampoco me gusta.

Lo que no es de recibo es, poniendo un ejemplo, que una contribuyente vaya en su carro a su trabajo, acalorada, cabreada y retrasada. Gastando gasolina y paciencia por un problema que no es suyo, ni ella tiene capacidad para arreglar. Como ya dije, en medio de un tranque monumental provocado por una panda de alcornoques. Y entonces el tipejo con uniforme va y le dice a la contribuyente: 'Si tienes prisa, cómprate un avión'. Y la contribuyente, anonadada y temporalmente sin palabras, se queda mirando para el payaso uniformado pensando en que es una pena que sea delito salir del carro y darle un bofetón de madre, así, a mano abierta, a ver si aprende a respetar a los que pagan su condumio.

Esta columna va dirigida al responsable de la Autoridad de Transporte y Tránsito Terrestre, y al de la Policía Nacional. Y al de los Servicios de Protección Institucional. Miren a ver si les dan a sus miembros unos cuantos cursillos de trato con la ciudadanía, porque en general (excepciones las hay, alguna me he encontrado), son unos verdaderos cafres. Yo me ofrezco a dictarlos. Gratuitamente incluso. Considérenlo mi aporte a la paz ciudadana. Si alguien tiene acceso a esas personas, miren a ver si les hacen llegar esto. Cursillo intensivo. Así sin más. En un plís plás.

A ver si así logramos que entiendan que ser respetuoso no implica perder autoridad. Que los 'mami', 'reina', 'mi amor', y 'doñita' no son adecuados para referirse a una mujer. Que con un 'señora' y un 'usted' sirve y sobra. Y que las bromitas y el sarcasmo están de más a la hora de dar información a los ciudadanos.

Quizás logramos que comprendan que cómo te traten los contribuyentes depende de cómo los tratas tú, si a mí me tratas como si hubiésemos dormido en la misma almohada yo te trataré como a un amante indeseable. Y luego no te me pongas fufurufo exigiendo respeto a tu placa y a tu uniforme. Primero me respetas, y luego ya veremos.

He escrito en alguna ocasión aullidos defendiendo a policías (y sufrí consecuencias por ello), pero igual que se defiende cuando se debe, también se golpea cuando se merece, y últimamente hay algunas unidades en la calle que merecían regresar al colegio para que los maestros les pudieran fracasar en conducta.

Pero parte de la culpa la tenemos los ciudadanos de a pie, que aún los miramos como si fueran nuestros superiores, como si tuvieran derecho a mangonearnos. Ya pasaron aquellos tiempos. Exijamos nuestros derechos. Si te faltan al respeto, pide número de placa y reporta. Si dejamos que nos pisen, seguirán usándonos de felpudo.

*(Antropóloga, actriz y escritora)


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953714
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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