La poción mágica para un verano feliz fue descubierta hace 10 años por el Club de Golf de Panamá en un intento por cruzar la barrera que dividía la cotidiana monotonía y la entretenida variedad de una corta temporada (vacaciones de verano) donde rebosar en diversión resulta el mejor oficio posible para un niño.
Las vacaciones de la escuela pasan con la misma velocidad que un cometa a través de las instalaciones del Club de Golf de Panamá, provistas del escenario que sea necesario para saciar las energías de más de 70 chicos que forman parte, este año, del Veranito Feliz, campamento donde se mezclan fabulosamente el aprendizaje con el sano esparcimiento.
Podría decirse que nunca antes una combinación había sido tan explosiva. Tenemos natación, fútbol, baloncesto, golf, pesca, tenis y las artes marciales a nivel deportivo; si a esto le añadimos clases de modelaje y de técnicas de supervivencia, y como cereza del postre, una noche de camping en la inmensa cancha de golf, el saldo resulta fascinante hasta para los aburridos adultos.
Para los hijos de los socios del Club, cuyas edades oscilan entre los 4 y 10 años, los primeros cinco días de la semana son sumamente ocupados con tantas cosas que hacer y tanto que aprender de los instructores especializados que dictan las amenas clases.
Olga Brooks es una de las profesoras del campamento.
"Este año ha tenido muy buena acogida el campamento, que hasta muchos chicos quedaron sin cupos para participar", dijo Brooks después de terminar un extenuante día, mientras sus estudiantes aún seguían corriendo como si la excitación obligara al cansancio a un descanso por siempre.
De ocho de la mañana hasta las 12 del mediodía no hay tregua en el campamento. La acción transcurre con agitada intensidad. La marcha es consistente. El pulso acelerado. Las gotas de sudor bajan por la frente. Eso no preocupa; la diversión ignora toda dificultad. Los chicos recargan sus baterías. Las energías parecen ser inagotables. ¡Qué desayunan estos chicos! ¿Serán de Marte?
El cierre se acerca. El 29 de enero, cuando la noche llegue al club, los chicos cantarán y bailarán alrededor de la fogata, en el último día de campamento a la luz de la luna.