Deportes

Verdades y mentiras de las escuelitas


AUNQUE las "escuelitas" de fútbol son públicas y notorias, los temas relacionados con su status, organización y reconocimiento legal, entre otros, son una especie de arena movediza, frente a la cual las autoridades de la Federación de Fútbol y el Instituto Nacional de Deportes prefieren hablar con prudencia.
Panamá América recopiló una lista cercana a las 20 escuelitas, localizables entre los distritos de Panamá y San Miguelito, la cual contrasta con la información que manejan el INDE y la FEPAFUT, en cuyos registros aparecen 2 y 11 escuelitas, respectivamente.
Ante el INDE sólo se han registrado dos escuelas: la Academia de Fútbol Balboa 2000 y Las Promesas en San Miguelito. Otras tres están en trámites.
La FEPAFUT, a través de su Secretario, Erick Ucrós, adelantó que ante ese organismo hay unas once escuelitas registradas.
La no coincidencia en cuanto a las cifras del INDE con las de la FEPAFUT contradice el procedimiento establecido para el reconocimiento de las escuelitas, ya que -para que la federación otorgue el aval a una escuela de fútbol- los representantes de ésta tienen que pasar por diversos trámites legales y requisito del Instituto Nacional de Deportes (INDE), que es la única instancia con autoridad para dar personería jurídica a una asociación deportiva sin fines de lucro.
Una vez que tengan el aval del INDE, a la federación solo le resta recibir el archivo y mantenerlo en su oficina y supervisar que se cumpla con las leyes nacionales.
Es un sábado o domingo cualquiera en un barrio cualquiera de la ciudad. Decenas de niños, entre 5 y 12 años, salen de sus casas para asistir a campos de juegos, en su mayoría improvisados, que con el correr del tiempo se han convertido en salones de clases para las "escuelitas de fútbol".
Pero ¿todas estas escuelitas cumplen con los requisitos para funcionar? ¿Están reconocidas oficialmente? ¿Son los instructores y monitores idóneos? ¿El dinero que se paga para recibir las lecciones es justo? En fin, sabrán los padres en manos de quién están sus hijos.
A juicio de Erick Ucrós, secretario de la FEPAFUT, es deber de los padres fiscalizar en manos de quién están confiando el cuidado de sus hijos. Ucrós reconoce que existen escuelas que funcionan como guarderías, en los que se deja al niño y posteriormente son recogidos por los padres y, si ellos están pagando, deben exigir los documentos que acreditan al instructor como una persona capacitada para brindar este servicio (cómo mínimo debe tener licencia tipo C) y verificar si la escuela está registrada ante la federación.
Las "escuelitas" que no están debidamente registradas no pueden ser sancionadas por la federación ni por el INDE, pero tampoco podrán exigir el derecho a formación, que estable la FIFA, a aquel club o entidad que forme a un jugador que posteriormente sea vendido.
La Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) establece en sus estatutos la Indemnización por la formación de jugadores jóvenes. En el capítulo VII, artículo 14 dice: "Cuando un jugador firma su primer contrato de no-aficionado, se deberá pagar una indemnización al club o clubes participantes en la formación y educación del jugador". Mientras que el artículo 15 dice: "La indemnización deberá pagarse cada vez que el jugador cambie de club hasta que finalice su formación y educación, lo que generalmente sucede a los 23 años de edad".
Gustavo Padilla, asesor legal del INDE, coincidió con Erick Ucros, secretario de la FEPAFUT, quienes fueron enfáticos al señalar que no pueden sancionar, en caso de cometer alguna falta, a las escuelas que no están registradas, mientras que con las que sí lo están habría que presentar una denuncia porque la resolución 11-97 faculta al INDE y existe un procedimiento disciplinario que hay que cumplir, aunque dejó claro que, si no hay denuncia, no puede hacer nada.
Gary Stempel, entrenador del San Francisco de La Chorrera, reconoce que el tema de las escuelitas es una área "muy delicada", porque se trabaja con niños.
Añadió que los entrenadores de las escuelas deben estar capacitados para trabajar con niños, además de garantizar un ambiente seguro para los aprendices, lo cual implica tener un buen terreno para las prácticas y suficientes entrenadores.
"Un monitor no puede hacerse cargo de un grupo de 30 o más niños", dijo Stempel.
Agregó que en países como Inglaterra los monitores o instructores están bajo una supervisión estricta y son evaluados, porque trabajar con niños y niñas de cierta edad crea la posibilidad de abusar de esa confianza, que se deposita en una persona que no es idónea.
A pesar que en Panamá hay personas que no cuentan con una licencia que les dé la idoneidad para dirigir a un grupo de niños como instructores de fútbol, Gary Stempel reconoció que en los barrios populares hay personas que realizan esta labor porque les gusta.
"En los barrios hay madres y padres que hacen esta labor, porque son personas de buen corazón y el propósito es muy bueno", manifestó Stempel.
Es necesario mencionar que mientras los chicos estén en una escuela de fútbol se mantienen alejados de los vicios, aunque hay que hacer énfasis en que las mismas tienen que garantizar la seguridad de los niños, darle un seguro contra accidentes y que la escuela debe estar cercada para que cuando la pelota es desviada, los pequeños no tengan que correr a la calle y atentar con su seguridad.
La participación y apoyo de los padres también es importante, no se trata sólo llevar al niño para que se entretenga sino que forme parte de una actividad familiar en la que los niños son los actores protagonistas de ella.
Trabajar con niños exige mucha responsabilidad y garantizar su bienestar es lo más importante.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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