Han llegado en barcos o aviones y han entrado a Cuba casi sin dejar huellas.Si se les pregunta de dónde son, algunas veces responden con una mentira. Y cuando se marchan, rara vez queda un registro en sus pasaportes de que estuvieron en esta isla comunista.
No son espías ni agentes encubiertos, son sólo simples turistas norteamericanos que quieren ver la Cuba prohibida, especialmente mientras aún esté prohibida. Un número de legisladores norteamericanos -tanto del Partido Demócrata como del Republicano -han impulsado medidas destinadas a poner fin a las restricciones impuestas por Washington para viajar a Cuba.
A comienzos de septiembre, durante una visita a La Habana, el representante republicano por Arizona Jeff Flake, dijo confiar en que los estadounidenseos turistas están contentos de que así sea. "Sé lo que pasará si se abre al turismo", dijo el norteamericano Zac Christie, que habló sentado en el muro del Malecón, la famosa avenida costera de la capital. "Será un lugar peligroso y materialista, y los Backstreet Boys tocarán en la calle".
El congresista Flake patrocinó una enmienda, aprobada por la cámara en julio, que impediría al Departamento del Tesoro de Estados Unidos destinar fondos a la aplicación de las restricciones de viajes. El presidente norteamericano George W. Bush ha dicho empero que vetará la ley en cuestión si contiene esa enmienda.
Ante el intenso trabajo actual del Congreso en conexión con los ataques terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos, no se piensa que estas medidas sean aprobadas pronto.
Y el presidente Bush ha asegurado además que no flexibilizará el embargo económico aplicado a la isla, que ya dura cuatro décadas, hasta tanto Cuba convoque a elecciones democráticas y deje en libertad a sus prisioneros políticos.