Si lees como loco, como descocido, como enviciado en el olor de la goma y el papel (reciclado huele más sabroso). Comenzarán a sucederte cosas raras. Leemos a un autor "X" porque recibimos buenas referencias de un amigo que es su lector entusiasmado. ¡Vaya desilusión!. ¡Para nosotros resultó un bodrio el tal libro! Comenzamos a entender lo que es la subjetividad: los gustos de los seres humanos están sometidos a ella, a la subjetividad. Cada sujeto es dueño de su subjetividad. Dentro de mí una voz murmura: "Te recomiendo que encuentres tu subjetividad y la cuides y la defiendas".
Pero sigamos. Compro un libro porque me sedujo su portada, y lo leo, me lo echo palabra a palabra, párrafo a párrafo, página a página; algunas veces a marchas forzadas porque la atractiva portada no coincidió con el zonzo contenido. No me rindo. Mi fragata da bandazos en el mar de letras. Experimento, busco temas: fantasía, sexo, arqueología, magia negra, la vida de los leones, almanaques deportivos, aventuras reales, imaginarias, deseadas (nos enternecemos con los Grimm, nos excitamos con Henry Miller, nos entendemos con Robert Ardrey, contratamos a Voltaire como director de orquesta). Desafío, guapeo, insisto. Subo a enfrentarme en el cuadrilátero de los libros con los campeones, desde los pesos mosca hasta los formidables pesos pesados. Es boxeo intelectual. Saldré estropeado algunas veces; otras, con la stamina reforzada. Termino un libro que empecé atraído por el nombre del autor, pues me sonó a aventura en los oídos: Robert Louis Stevenson. Oh, caray, éste sí era lo que esperaba. Cada día que pasa me enredo más y más con los libros. Inicio lo que llamaré orgullosamente: "Mi biblioteca". Treinta esmirriados tomos. Pero es mi biblioteca. Desde entonces aprendo que al sobarlos, sobo mi entendimiento. Y sigo leyendo, ya no podré parar. Leo por encima y por debajo, Me falta leer a través. Un buen día considero que tal o cual es mi tema favorito y a él me dedico con devoción, pero al poco tiempo me libero y, con suerte, comprendo que no me atraparán en un sólo cauce, que la lectura me bifurca, me multifurca, que se ha apoderado de mi la sublime curiosidad y quiero leerlo todo, comerme las migajas de todos los banquetes de la mente.
Me salvé de ser un especialista.