La poesía tiene mucho más que ver con nuestras vidas de lo que imaginamos. Ella se está ahí en la elaboración de un piropo elegante: “Cómo le amaneció el día a mi estrella matutina”; en nuestra manera de subirle el ánimo a algún amigo: “Y dónde vas con esa cara de herramienta”; cuando en el cotidiano decimos: “Tengo el cuerpo hecho leña”. En materia poética es más lo que se adivina que lo que se dice. Casi todos, en algún momento de la vida, hemos delinquido de poetas, nos han pillado con las manos en la musa...
Algunos nos hemos asfixiado, tratando de usar ese lenguaje elegante o conmovedor o festivo con que se adorna lo poético. Apenas alcanzamos a palpar su manto… Ella no se le entrega a cualquiera, mucho menos a aquel que pretenda disfrutar de sus perfumes con frases rebuscadas. Es exigente la muchacha. No pretendas deshojar su flor con las manos sucias, ni intentes entrar en sus aposentos con pies de impíos. Ella reconoce la mirada turbia del tramposo que pretende nombrarla por nombrarla o del vivaracho que cree bastarse con unas cuantas rimas fáciles.
Es dama y muchacha, es madre y señora, es beso y caricia, tristeza, ira turbulenta. A pesar de sus tibiezas y ternuras, se deja usar por los “copy” y los “creativos” de las agencias de publicidad, por algún político electorero, especie de portalira circunstancial que se apropia de la fe de los votantes, porque estos no saben qué hacer con la fe. En fin, los amigos del reggaetón y el pasapasaque expresan, a veces, no siempre, las peores combinaciones con tal de rendirle tributo a una métrica pedestre y a una rima obligada y hasta grosera.
Por fortuna, nos quedan los clásicos y los modernos: Quevedo, Darío, Lorca, Hernández, Vallejos, Neruda, Dalton, Guillén, Bermúdez, Blaytri, Elsie, Rivera, Nieto, la Tomas…
Porque la poesía jamás ha cantado en vano y es la mejor aliada de la no violencia, porque sus proclamas son para iluminar la sensibilidad a todo aquel que se deja mojar de su arena y nos acerca al prójimo y a la naturaleza.
Cuando me saquen una tarjeta roja, que se la saquen del corazón.