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Virtualidad en tiempos reales


El buzón virtual de mi correo virtual rebosa de mensajes virtuales. Un porcentaje irá a un basurero virtual, como casi todos los mensajes precedidos por una abreviatura anglosajona: FW, “forward”, que anuncia esos mensajes impersonales que te reenvían (a ti junto a un sinnúmero de personas).

Entre esos irán curiosos mensajes en cadena que procuran ganar un buen paquete de direcciones, o bien álbumes con fotos espectaculares, ofertas de productos que uno ni imaginaba que existían para lograr cosas que uno ni imaginaba que se podían lograr, urgentes anuncios de que cerrarán tu cuenta de correo si no reenvías el mensaje, avisos del fin del mundo, notificaciones de que te ganaste una millonaria suma en una lotería inglesa en la que jamás has comprado un número, una petición de ayuda para cobrar una herencia, y hasta alguna pícara tarjeta en que alguien te declara su amor, siempre y cuando te inscribas en cierto servicio.

Sin embargo, incluso entre esos mensajes FW vienen comunicaciones memorables. El nombre de Lorca en la línea de uno de ellos me llevó a salvarlo de la hoguera virtual. Conste: también los grandes nombres son empleados como ganchos para difundir fraudes, como el celebérrimo poema “Instantes”, del cual he oído decir: “Es lo más que me gusta de Borges”, o el testamento de García Márquez, difundido urbi et orbi, al que he visto hasta enmarcado.

 

En el caso del mensaje alusivo al poeta de Fuente Vaqueros, debo regocijarme por el rescate: recogía un memorable discurso suyo al inaugurarse la biblioteca de su pueblo natal, en septiembre de 1931; el título: “Medio pan y un libro”. En él se exalta la importancia del libro como nutrimento humano, cuya falta genera hambre intelectual, en un genial paralelismo con esa otra hambre de pan que suele resultarnos más familiar. En el contexto, pan y libro cumplen una misma misión: formar al hombre, forjarlo, alimentarlo, darle vida.

Dice el autor de “Yerma” y de “La casa de Bernarda Alba” en algunas líneas de su disertación: “Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle, no pediría un pan; pediría medio pan y un libro”. “Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan”. “Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.”

En su magistral exposición, rememora al célebre ruso que escribió “Los hermanos Karamazov” y “Crimen y Castigo”, diciendo, a guisa de ejemplo: “Cuando Fedor Dostoevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita, y pedía socorro en carta a su lejana familia, solo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida”.

 

¿Es virtual el hambre intelectual? ¿O es real? Creo que es un hambre como toda hambre: básica, necesaria. El diccionario expone acepciones integradoras; junto a “Gana y necesidad de comer”, aparece “Apetito o deseo ardiente de algo”. Bien por Lorca; después de leerlo, cobra otra significación cierta valla publicitaria: “¿De qué tamaño es tu hambre?”.

Que la palabra te acompañe.


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654246
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América