Gonzalo Higuaín tiene ese divino efecto de los goleadores: salvan partidos, salvan ilusiones, hacen tres puntos y logran lideratos en un zapatazo… un solo puntillazo que te pone el eterno 1-0.
El Real Madrid sacó el premio gordo en el Bernabéu, luego de una angosta victoria por la mínima ante el Racing de Santander, porque horas después el Barcelona solo sacaba un punto de Bilbao, suficiente para llevar a los blancos al liderato.
Así fue ayer, cuando el Madrid desenfundó esa única arma, en un partido de trámite pausado que dejó inclusive el empate del Racing, cuando el gol de Canales fue anulado, en un fuera de lugar que no lo era.
Pero si el rival pudo acercarse, fue porque el Madrid lo permitió, pues tras el gol del argentino al minuto 22, los de Pellegrini se dosificaron, ahorraron su fuerza y casi se dejan empatar. El Madrid se arropó por un poco de pereza. Uno de los siete pecados capitales.
El partido.
Así se fue la primera mitad y la segunda fue más de lo mismo, solo que con algunas acciones intermitentes de peligro de gol por ambos equipos, en una de esas, Benzema marcó un lindo gol de lujo, pero para su mala fortuna estaba en posición ilícita.
Lo mismo le pasó a Canales, quien sí estaba en juego, pero que el árbitro consideró que no y lo declaró fuera de lugar.
Hay que admitir que también el central se tragó un penal claro sobre Benzema, quien junto a Higuaín se han adueñado de la titularidad a falta del cañón CR9.
Con Cristiano Ronaldo, esta joven y letal dupla, agregado Kaká y un mejor Xabi Alonso, al Madrid no le debe faltar hambre. Mucho menos con el portugués, quien siempre juega como si marcar un gol fuera su obsesión.
Y justo es lo que más se espera en Madrid, el retorno y la puesta a punto del fichaje más caro de la historia.
Lo que vienes.
La otra semana el Zurich y con él la lucha de la Champions y el 29 de noviembre el superclásico, que esta vez sonará a mil panderos de cristal. El Madrid llega líder a Camp Nou, señal de que no habrá tregua en ningún bando. La guerra está avisada.