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Voto de confianza

Al panameño se le ha etiquetado siempre. A veces nos han criticado hasta la forma de caminar y los más radicales incluso nos cuestionan nuestro espíritu libérrimo.


Al panameño se le ha etiquetado siempre. A veces nos han criticado hasta la forma de caminar y los más radicales incluso nos cuestionan nuestro espíritu libérrimo.

Los calificativos abundan y no vale la pena repetirlos ahora. En su momento algunos fueron merecidos y quizá uno que otro subsiste, pero me niego a aceptar que no hemos evolucionado y que no tengamos futuro.

Sí, la cultura del “juegavivo” no la hemos desterrado del todo y posiblemente no lo hagamos del todo nunca, pero como resultado de la educación, la convivencia con gente foránea y la transformación de la metrópoli estamos cambiando, aunque sea obligados por las circunstancias.

 

En las últimas semanas, miles de connacionales han tenido la oportunidad de realizar una visita guiada y hacer el recorrido en el metro de Panamá y aunque la mayoría se congratula por lo moderno y bien cuidadas que están las instalaciones, no dejaron de escucharse voces escépticas sobre si seremos capaces de cuidar y mantener el orden dentro de un sistema que a la mayoría nos es extraño. Cierto es que hay quienes hemos tenido la experiencia en otros países, pero no es lo mismo moverse en el metro de manera interina que tenerlo como parte de nuestra andar cotidiano.

Aunque la preocupación puede ser legítima —más por la falta de experiencia que por negligencia—, nos parece que el panameño está avanzando en el proceso de aprender a disfrutar y cuidar de las cosas buenas.

Y esto es porque las circunstancias nos están empujando; no podemos quedarnos atrás mirando cómo llega, pasa y se va el progreso. Además, ya no estamos tan solos como antes cuando el país era prácticamente exclusivo para nosotros. Ahora nos visitan y conviven permanentemente con nosotros, ciudadanos de otras culturas que en su mayoría ya han pasado por lo que nos ha tocado a nosotros ahora y, sencillamente, no podemos ser los menos. Tenemos que estar a tono.

 

Se podrá criticar al panameño por muchos defectos, pero no se le podrá acusar nunca de que no le gusta la buena vida. Sí, al panameño siempre le ha gustado vivir bien, sentirse cómodo y gozar de los encantos de su entorno.

Es por eso por lo que tenemos confianza en que a muy corto plazo los capitalinos nos pondremos a tono y marcharemos al compás del ritmo que nos impone la nueva dinámica de la ciudad y, por qué no, en algún momento muchos tendrán que vernos de otra manera, aunque no les agrade la idea.


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920720
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América