Imposible olvidar... imposible negar que fuimos el hazmerreír al final del I Clásico Mundial de Béisbol. Duele decirlo, porque Panamá fue humillado al recibir el primer juego sin imparable ni carrera en esta competencia que reunió a los mejores peloteros del planeta.
Esa es la triste y dolorosa realidad que perdurará para la eternidad y que perseguirá como una sombra a Panamá.
La despedida en San Juan no fue la mejor para un equipo nacional que, en sus dos primeros desafíos, hizo un derroche de garra y coraje con los dos mejores planteles del Grupo C, Puerto Rico y Cuba, pero que en el cierre del evento lució como un conjunto desmotivado y sin deseos de victoria.
En aquel capítulo doloroso e imborrable en la historia del béisbol panameño, el verdugo fue un joven nacido en Curazao de tan sólo 18 años de edad, llamado Shairon Martis.
Fueron en total siete episodios los que esculpió Martis, en ese momento prospecto de los Gigantes de San Francisco, hoy lanzador de las Grandes Ligas con los Nacionales de Washington (debutó el 4 de septiembre de 2008).
Al final, Holanda ganó en siete entradas por abultamiento de carreras, 10 por 0, el 10 de marzo de 2006.
Objetivo trazado.
Han pasado dos años desde ese momento triste de la pelota panameña.
Aquel capítulo doloroso vuelve hoy a tomar más fuerza, ahora que se avecina la segunda edición del Clásico Mundial que se realizará del 5 al 23 de marzo en nueve ciudades de cinco países en representación de 16 naciones.
Es evidente que Panamá tendrá un reto enorme el próximo año y así lo deben tener presente los que vestirán al final los colores patrios en San Juan, Puerto Rico, sede del Grupo D.
La competencia no será nada fácil, porque habrá que fajarse con Puerto Rico, República Dominicana y Holanda.
No hay duda que se tendrá que trabajar con alma, vida y corazón en los entrenamientos y de una forma organizada, si es que se quiere borrar ese sabor a fracaso de la última participación.