Las malas decisiones se están volviendo una costumbre dentro de la Comisión de Boxeo Profesional de Panamá (Comibox).
El último acto de irresponsabilidad, que incluso pudo haberle costado nuevamente la vida a un boxeador, ocurrió el pasado miércoles en el Hotel Veneto, donde la Comibox, que preside Alberto Guerra, aprobó un combate en que la diferencia de peso, un día antes de la refriega, fue en primera instancia de nueve libras.
El último martes, durante el pesaje oficial de la velada “Despejando dudas”, el istmeño Israel Duffus pesó 167 libras, siete por encima de lo pactado. El reglamento de la Comibox establece que el límite de tolerancia en la categoría mediana es de cuatro libras, detalle que no se cumplió en el primer contrato.
Por su parte, el también panameño y debutante Robinson Aragón pesó 158 libras.
Desde ese momento, la Comibox debió echar abajo este pleito entre Aragón y Duffus; sin embargo, lo que hizo fue aceptar que se hiciera un nuevo contrato, pero ahora en 163 libras.
Con esto se aseguró que la refriega se concretara. Duffus bajó una libra en su segundo pesaje, mientras que Aragón registró el mismo peso.
A los miembros de la Comibox quiero aclararles hoy que no se podrán limpiar las manos con la excusa de que la pelea fue aprobada en un nuevo peso con el consentimiento de la entrenadora del debutante Aragón.
Ustedes, miembros de la Comibox, tenían que haber analizado que se trataba de un debutante el que iba a subir al ensogado, pero me queda claro que jamás les importó.
Hoy, levanto mi voz de protesta, porque el golpe que le propinó Duffus a Aragón, que lo puso nocaut en el primer asalto, pudo haber terminado en tragedia. No exagero, el miércoles pudo haber ocurrido una desgracia por la irresponsabilidad de la Comibox. Ya es hora de que se ponga un alto.