E ntre 14 mil 707 estudiantes de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), una mujer tiene el segundo índice más alto y es la santeña Yessica Sáez, quien estudia el quinto año de la Ingeniería en Electrónica y Telecomunicaciones.
Un 2.98, un 2.95 ó 2.94 son cifras que, si se ven en términos monetarios, no tienen mucha importancia, pero en el ámbito universitario son índices académicos importantes, casi excelentes, y por estos días son los más altos de la UTP.
El 2.95 corresponde a Yessica Sáez, de 21 años, quien hace pocas semanas llegó a la ciudad. Vino a terminar el último año en la sede central, buscando mejores oportunidades de las que existen en Azuero, donde cursó los cuatro primeros años.
Yessica detrás de ese lente es una chica que habla a medición, o con precisión numérica. Cuando responde una pregunta, lo hace sin detenerse a cavilar mucho, como si resolviese una ecuación matemática sencilla.
La entrevista fue pactada para las cinco de la tarde en el edificio de Postgrado de la UTP. Llegó puntual, a la hora exacta. Como no vio a nadie que pareciese periodista en la entrada, donde se acordó esperarla, ella fue directo al departamento de comunicación. Practicidad.
Ella, desde los primeros años de estudio en el corregimiento de Agua Buena de Los Santos, emulaba el camino trazado por su hermano mayor, quien hoy es un becario en Estados Unidos y se graduó con el primer puesto de la carrera de Ingeniería Civil de este centro educativo.
Ninguno de sus padres logró sobresalir en las matemáticas. Su madre es ama de casa y su padre trabaja en una empresa privada.
No recuerda que nadie le haya indicado u obligara a estudiar. Desde pequeña, al regresar a casa, luego de comer, se sentaba a estudiar. Lo anterior no hace diferente del común de los niños, sencillamente ella tenía una meta secreta que cumplir.
Resueltas las tareas, se juntaba con sus amigos para jugar hasta que la noche se lo imposibilitara. En la escuela primaria, vio los primeros beneficios. En estos años logró sobresalir, ocupando el primer puesto.
En la cuna del folclore, Guararé, Yessica hizo más cosas de las que hacen los otros estudiantes. Participaba en todos los concursos, desde los tradicionales de ortografía y declamación, hasta los de matemáticas -su fuerte- que implicaban mucha agilidad metal. La persona que ocupó el primer puesto en el primer ciclo seguía compitiendo en el bachillerato.
Al salir del bachilletaro, las cosas se pusieron en el mismo lugar de seis años atrás. Yessica recuperó su primer puesto y la estudiante que le arrebató el primer puesto en el primer ciclo, ahora quedaba segunda. Actualmente, son amigas, y dice que está graduada de Matemáticas.
"Si tú organizas tu tiempo, vas a tener espacio para muchas cosas. Este día hago esto, hago lo otro. Aprovechar los fines de semana para adelantar", esa es la filosofía de trabajo de esta ingeniera en formación, quien aclara que la matemática es más análisis que memoria.
Desde que supo de la UTP, siempre quiso estudiar allí. Pensaba y piensa que su gusto por los números y por la física le servirían.
Cuando cursaba el quinto año, los visitaron profesores de esta universidad que promovían las carreras. Al escuchar de la Ingeniería Electrónica y Telecomunicaciones sintió algo que la "impactó". Luego buscó información del campo de trabajo. También revisó el plan de estudios.
Cuando vio que las matemáticas estaban por todos lados, sintió alivio. Hasta ese momento, tenía parte del campo ganado. Lo demás fue rutina. Exámenes de álgebra, entre otros, para lograr el ingreso.
Si por un lado, Yessica no tendría problemas con las matemáticas de la carrera, algo nuevo le esperaba: las cuatro materias de electrónica, donde se aprende el funcionamiento de los dispositivos de los aparatos electrónicos. Para la reparación de estos circuitos, es necesario comprar herramientas.
En los cursos siguientes, los números tomaron otra aplicación. Lo que se aprende en materia como ecuaciones diferenciales o matemática superior se tiene que aplicar a los circuitos eléctricos.
El método de aprendizaje de Yessica se inicia con una lectura, para aprender cómo es que se hacen las cosas. Luego empieza a hacer los problemas, a ensayar las soluciones hasta encontrar la que es, que tiene que ser una sola, exacta.
Mecanismo de estudio.
La clave de esta joven es adelantar un poquito todos los días. "Nunca he tenido que acostarme después de las doce de la noche por estar estudiando algún parcial", dice. Y, contrario a lo que muchas personas suelen pensar de ella, es muy parecida al resto de los jóvenes, ya que le gusta todo tipo de música, tanto así que todos los sábados sale a bailar.
En marzo, ella se sentará por primera vez en las aulas de la sede central de la UTP, y tendrá que medir números con nuevos competidores, pero antes de que llegue ese día, ya ha estado dando vueltas por el campus.
Se inscribió en un curso de inglés, porque piensa salir a estudiar una maestría en algún país de habla inglesa.
Antes muy pocas mujeres optaban por esta carrera. Hoy, en Azuero, hay unas nueve, quedan ocho, porque Yessica se mudó a la capital.
"Algunas personas creen que nosotras tomamos esta carrera porque es un reto y queremos demostrar que podemos hacerlo, pero ese no es mi caso, me gusta la carrera y me gustan las matemáticas", asegura.
Yessica ha decidido hacer más de una unión con las matemáticas. Su novio también es estudiante de Ingeniería de Electrónica y juntos viven un mundo que se llena con resistencias, capacitores, circuitos integrados, multímetro, ECG y hasta con los más recientes inventos tecnológicos que usan la matemática para el funcionamiento.
Agenda de la matemática.
Un día cualquiera en la vida de Yessica inicia levantándose temprano a preparar su desayuno. Luego sale a las clases de inglés para regresar y cocinar su almuerzo. En la tarde ingresa al campus para hacer los laboratorios virtuales. Ve algo de televisión, habla con sus compañeros de apartamento, que son dos primos que también estudian en la capital. Preocupación.
"Conozco a muchachos que se han graduado y no consiguen trabajo de lo que estudiaron. Sí me gustaría trabajar en el área de las telecomunicaciones. Me gustaría también que esa empresa me preparara, porque nunca es suficiente lo que se aprende en la universidad", reflexiona.
Nada con el dibujo.
De no haberse ingresado la materia de dibujo lineal, quizás Yessica tuviese el índice más alto, o por lo menos en los dos semestres que le faltan los números se pueden emparejar.
Tener el segundo índice entre unos 14 mil estudiantes no la hace sentirse diferente. Es más, ella, que paga sus estudios con becas por su desempeño académico, desconocía esto hasta la tarde que se realizó esta entrevista. Lo que sí reconoce es que le ha costado bastante.
Al igual que a muchas personas, le gusta el Carnaval y espera en un futuro dejar una huella en su pueblo Agua Buena, al igual que lo ha hecho el acordeonista Dorindo Cárdenas, quien también nació en esa tierra.