Deportes

“Yo soy la Historia”

“Me importa cuanto pasa en el mundo, como si a éste pudiera importarle mi opinión” Elías Canetti


Nunca olvidaré a la bella y talentosa Maritza Diez de Morales completamente imbuida en el papel de “La Historia” en la obra “El veredicto”, de Juan David Morgan y de este servidor. Ella encarnó lo mejor de Panamá: un honesto sentido de justicia. Me erizaba escuchándola: «¡Yo soy la Historia! La Historia Panameña. Cada país tiene la suya, o mejor dicho, las suyas. Debo agregar, para desechar cualquier sueño de infalibilidad –el más ordinario de los defectos humanos–, que dentro de cada país hay varias historias, tan dignas o mojigatas, tan veraces o legendarias, como quienes las escribieron. En el presente caso me han convocado a mí, una de las tantas Historias de Panamá, para presidir un juicio que nuestro país le dio largas por mucho tiempo. Me presento como una tabula rasa. Reconozco que mi cuerpo y mi espíritu no son otra cosa que legajos, pero existo. Soy exigente a la hora de alimentarme, lo único que me apetece son evidencias, documentos, registros, declaraciones juradas, recortes de periódicos y las gacetillas oficiales; de postre me conformo con las sospechas, los rumores callejeros, los susurros al oído y las habladurías, y de sobremesa saboreo, como digestivo, el licor de las imaginaciones desenfrenadas y el aromático puro del acento dramático de los litigantes. Para mí todo eso es un banquete y lo único que necesito es tiempo para digerir». (Aquí le metíamos una acotación y una pausa para que el público pudiera digerir lo que decía. Y la hacíamos dar vueltas como una modelo). «Ya me ven ustedes, soy sana y fuerte a pesar de mi dieta».

Sigo pensando igual que nuestro personaje. La Historia nunca se acaba de escribir. De tanto leerla, la gastan o la rehacen o la modifican a mordiscos de tinta y pluma. Se logran aproximaciones a la verdad. Tal vez por eso me gustan las versiones novelescas. Se dice que los escritores tienen visiones de lo que realmente ocurrió. Provoca creerles más a ellos que a los pontificadores que hablan como si tuvieran la verdad en el bolsillo más secreto de sus pantalones. Los que tienen, como dice Koestler, tal sed de lo absoluto, son incapaces de encontrar satisfacción en el mundo relativo del ahora y del aquí.

Hasta en una autobiografía, cae el autor en la tentación de suavizar, de blanquear y de justificar muchas de sus tontas chambonadas, créeme, te lo digo yo.

 

fecha edicion
old id
528093
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América