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Yo también fui ‘pavo’ alguna vez

Un hombre blanco, alto y de uniforme azul asciende por las tres escalinatas del autobús. Saluda al chofer con la mirada y se ajusta el sombrero negro


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Un hombre blanco, alto y de uniforme azul asciende por las tres escalinatas del autobús. Saluda al chofer con la mirada y se ajusta el sombrero negro de ala ancha. Se detiene en el umbral del pasillo, que está flaqueado por dos hileras de asientos relativamente llenos de gente. Hace un recorrido visual por todo el vehículo y avanza. A su paso, cada uno de los pasajeros le muestra su identificación mientras observa en medio de los asientos por si hubiera algún polizón, aparato peligroso o carga prohibida. Después, emprende la marcha hacia la salida. El silencio gobierna. Finalmente, vuelve a las escalinatas y desciende. Ya desde afuera, vuelve a mirar, levanta su mano y le indica al conductor que puede seguir.

Un brazo metálico, operado por otro uniformado, con una insignia en el antebrazo que dice MP (Military Police), es el último eslabón en este tránsito. Así se entraba a Amador y Albrook o Clayton y Howard, las dos antiguas bases militares del Ejército de los Estados Unidos en el Pacífico panameño.

¿Y cómo es que puedo describir este episodio con tanta fidelidad? Es que lo vi, aprendí y viví en mis tiempos de “pavo”. Sí, en algún momento de mi vida fui “pavo”, que mataba el tiempo dando vueltas en autobús, lo cual era para mí más que una aventura, un placer.

Y lo era porque tuve esa experiencia guiado por mi padre, quien por muchos años laboró en lo que conocía como “Canal Zone Bus Service” (C.Z.B.S).

Parte de mi tiempo libre era ocupado sentado en el primer asiento, justo detrás del conductor. Desde ahí conocí la “zona” de cabo a rabo.

Los buses eran color naranja. Había un estricto apego al itinerario, por lo que los usuarios procuraban estar a tiempo.

Ahí fue donde por primera vi a la gente formar fila para abordar el transporte. Las paradas eran escasas. Era prohibido que los automóviles rebasaran al bus por la izquierda, si este estaba detenido.

Más de tres décadas después veo que se intenta establecer un orden similar en el transporte colectivo de Panamá. Aunque casi obligada, la gente aprendió a formar fila. Falta que se establezcan los horarios en que pasan los buses - como sucede en todas partes- para que impere el orden.

Se lo dice alguien que vio esto hace rato y entiende de qué se trata. Ahora será mejor porque tenemos paso libre en toda la ciudad y no necesitamos más que tarjeta prepago para viajar sin obstáculos y sin “pavos”.


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912283
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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