Hay una bibliografía que no deja de incomodar y de conmover, por supuesto. Ella se encuentra regularmente en el campo de batallas de las ideas, por su alto contenido testimonial, en el que prevalecen los hechos y no las opiniones del “testigo ocular” que ha vivido con su propia sangre lo que cuenta.
En ese “campo de batallas” que anoto, ya se ha vuelto vasta, mas no suficiente, la literatura de testimonio, que a veces se confunde con los libros de memorias. Un testimonio es el producto de circunstancias que afectan a muchas personas, aun cuando se narre en primera persona (Me llamo Rigoberta Menchú). Usualmente trata temas dramáticos, palabras mojadas de dolor, tomadas desde el mismo tintero de las arterias. Por su lado, el libro de memorias es mucho más personalizado, íntimo, secretos que se nos antoja compartir acerca de nuestra infancia, adolescencia, juventud. Estos son hijos de los abuelos. (Confieso que he vivido de Pablo Neruda).
En cuanto a “La Tierrita”, contamos con testimonios y memorias importantes. Algunos de ellos relacionados con la “crisis” de finales de los ochenta y los que se fraguaron la madrugada del 20 de diciembre de 1989… Conocer, interpretar, hasta donde permitan los rejuegos de conveniencias, la verdad que contiene el testimonio es un arduo esfuerzo que se debe acometer para esclarecer lo registrado, lo vivido por cada uno de los afectados.
Hace 20 años, éramos “familia rota”, como dice la canción; país de resentidos; patria traicionada. Hoy no nos atrevemos a vernos en ese charco porque el reflejo nos espeluzna. Pues aún arrastramos la goma moral de aquellos días.
El testimonio recupera para la historia lo que la Historia, más bien el historiador, dejará de lado; lo que el periódico, la revista, la inmediatez de la noticia radial no dirá, insisto, casi siempre por razones ideológicas. Lo demás será leyenda, ruido, silencio.
El testimonio no señala inocentes ni culpables, pues como dice Martí: “Ver en calma un crimen es cometerlo”. El Testimonio, ahora sí con mayúscula, es un documento humano, y lo humano sobrevive al hombre… por ser humano, ha dicho García Aponte. El Testimonio no se deja ver con distancia y frialdad; no se puede ir a él sin un temblor en el alma, y sobre todo si se trata de un dolor nuestro, si se trata de nosotros.
Hoy es día de honrar a los que cumplieron con su deber…