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Zedillo promete mejores viviendas


Socorristas y militares continuaban patrullando ayer las zonas donde un violento terremoto dejó al menos 25 muertos, cientos de heridos y gran cantidad de edificios históricos dañados, mientras el gobierno mexicano anunciaba planes de reconstrucción.
El presidente, Ernesto Zedillo, prometió ayer a los damnificados construirles mejores casas que las que el movimiento telúrico echó por tierra, durante una visita a las poblaciones de San Mateo Ozolco y Tehuacán.
El temblor del martes, de 6,7 grados en la escala de Richter, tuvo su epicentro en las cercanías de Huajapan de León, unos 200 km al sur de México y en la zona habitada por gente de la etnia mixteca.
El secretario de Gobierno del estado de Puebla, Alberto Julián Ynacer, informó que 20 personas murieron en este Estado, el más afectado por el sismo.
La cifra de heridos o personas con crisis nerviosas en todo el país llegó a varios centenares. Solamente en la ciudad de Puebla -100 km al este de Ciudad de México- la Cruz Roja informó haber atendido 330 personas, de ellas 16 graves. En el Distrito Federal, la Cruz Roja dio auxilio a casi medio millar de personas.
En Ciudad de México, habitada por unas 20 millones de personas, las actividades se reanudaron con normalidad ayer, luego del pánico del martes. La capital mexicana sufrió en 1985 un devastador terremoto de 8,1 grados que dejó miles de muertos.
El centro histórico de Puebla, considerado patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO, continuaba ayer en la mañana acordonado por tropas de la sexta región militar. El 40% de los edificios de ese sector sufrieron daños, según las autoridades.
Protección Civil precisó que al menos cuatro edificios de la Universidad de Puebla (todos del siglo XVII y XVIII) deberán ser demolidos debido a los daños sufridos en su estructura.
"El terremoto jalaba a la gente hacia un lado y otro y se prolongó más de un minuto. La gente cayó arrodillada en las calles rezando. Yo estaba en mi carro y brincaba sin poder avanzar", dijo Mario Zabalete, un habitante de Puebla.
El hecho que el terremoto haya ocurrido a media tarde, cuando la mayoría de la gente estaba fuera de sus casas trabajando, limitó las víctimas en el poblado a tres muertos y tres heridos graves.
Un sismo de 6,7 es un fenómeno natural que puede resultar devastador", dijo Zedillo, la noche del martes en Puebla.
De acuerdo con estudios del Servicio Sismológico Mexicano, un sismo de 6,7 grados equivale, por la cantidad de energía liberada, a siete bombas atómicas como la arrojada en agosto de 1945 por Estados Unidos sobre la ciudad japonesa de Hiroshima.
Pero el sismo hizo recordar que millones de mexicanos viven a la sombra de la muerte.
Las humeantes cimas de estruendosos volcanes amenazan a ls ciudades, incluida la capital y sus 20 millones de habitantes. Cada verano vientos huracanados de 160 kilómetros por hora o lluvias tropicales azotan primero la costa del Golfo y luego la del Pacífico.
Y por supuesto, como lo mostró el sismo del martes, de vez en cuando la tierra cobra vida, los edificios se desmoronan como una torta fina y la gente muere por el movimiento de los terremotos.
"En México decimos: "Ya estamos salados"", dijo Luis Quintanar, del Servicio Sismológico Nacional en la Ciudad de México. "Este sismo muestra que tenemos que prepararnos".
En 1985, un terremoto de 8,1 grados en la escala de Richter devastó la Ciudad de México y mató extraoficialmente a 10.000 personas.
Y cuando la tierra no tiembla, el aire aúlla.
Al oeste del país se encuentra al llamado "Volcán de Fuego" en la frontera de los estados de Colima y Jalisco. Este año, la montaña de 4.339 metros de alto ha lanzado lava, lo que ha forzado la evacuación de los poblados cercanos.
"Los desastres que azotan a los mexicanos no son grandes decepciones, porque están considerados como inevitables", escribió Alan Riding, en su libro de gran venta "Vecinos Distantes, un retrato de los mexicanos".


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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