Dieciocho aspirantes a la presidencia de Haití contraponen ruptura y continuidad
Elmer Caballero Gómez
Dieciocho candidatos a la Presidencia de Haití concurrirán a las elecciones del próximo domingo, que muchos aspirantes han calificado como de "ruptura" frente a la "continuidad" del gobierno actual, durante una campaña electoral que apenas ha permitido conocer los programas electorales.
Cerca de 4,6 millones de haitianos elegirán en estos comicios al sucesor del presidente René Préval, a 11 de los 30 senadores y a los 99 miembros de la Cámara de Diputados.
En las elecciones, a las que también se presentan 917 aspirantes al Senado y a la Cámara de Diputados, la continuidad es promovida por el oficialista Jude Celestin, quien pretende "renovar" la actual experiencia de su sector en el poder para ir mas allá en las realizaciones.
Hay que "romper" con este "sistema" que no ha dado resultado después de 20 años compartidos en el gobierno por el actual presidente, René Préval, y su antecesor, Jean Bertrand Aristide, ambos procedentes de la corriente Lavalas, dicen aspirantes como el industrial Charles Henry Baker o el cantante Michel Martelly.
Mirlande Manigat, favorita en las encuestas, propone por su parte romper con "la incompetencia" y "la corrupción" que, a su juicio, dominaron la gestión gubernamental durante los últimos veinte años.
Incluso candidatos cercanos hasta hace poco a Aristide o Préval, como los ex primeros ministros Jacques Édouard Alexis e Yvon Neptune y los ex ministros Leslie Voltaire e Yves Christalin, articularon discursos críticos con el actual régimen.
Mientras, observadores del proceso electoral subrayaron, en intervenciones en programas radiales especiales, que la sociedad civil y las universidades no han contribuido a difundir los planes de los candidatos ni a formularles preguntas.
Elementos de algunos "programas" sólo estuvieron disponibles en internet, pese a que menos del 10 por ciento de la población tiene acceso a la red.
Por eso, aunque varios candidatos aseguraron su presencia en redes sociales como Facebook y Twittter, no son muchos los ciudadanos que podrían detallar puntos de los programas políticos de los candidatos.
En los discursos, entrevistas o debates en los medios de comunicación, siempre aparecieron temas y propuestas como "educación gratis", "salud para todos", "trabajo y protección social", "progreso económico" y "retorno del ejercito", pero sin una exposición de las estrategias para lograr resultados concretos.
En la campaña no se expresaron mucho puntos de vista sobre temas como justicia o medio ambiente, en un país muy vulnerable a las catástrofes naturales, como los seísmos y tormentas que, sólo este año, dejaron cientos de miles de muertos y damnificados.
Tampoco las referencias ideológicas tradicionales relacionadas con la derecha o la izquierda parecen válidas en una situación política en la que los actores olvidaron hace tiempo utilizar para identificarse.
La atención se centró en eslóganes que, según analistas, resultaron abstractos y no reflejaron un real plan para un país que afronta múltiples problemas.
"Todos estamos de acuerdo" es el lema de la favorita en los sondeos, Mirlande Manigat, jefa del Agrupamiento de los Demócratas Nacionales Progresistas (RDNP).
Mientras, en los afiches del candidato del oficialista partido Inite (Unidad), Jude Celestin, se puede leer el eslogan "100% Haití".
En cuanto a la publicidad electoral, muy vistosa, cientos de miles de fotos fueron colocadas en edificios y en todo tipo de objetos en las calles de Puerto Príncipe y otros lugares de Haití, en lo que la prensa local llamó "una guerra de imagen".
Las fotos se colocaron unas encima de otras o lo más alto posible para evitar que fueran retiradas.
Al mismo tiempo, se difundieron numerosas cuñas radiofónicas a todas horas y la música de estilo popular sirvió para buscar los votos de la población, así como la voz de artistas conocidos.
Los candidatos pagaron páginas de periódico y espacios televisivos para mostrar imágenes de las concentraciones que tuvieron algún éxito con la intención de convencer de la popularidad de algún candidato.
A estos elementos se sumó el uso de vehículos con enormes equipos de sonido que recorrieron las calles de la capital, sobre todo zonas populares, proximidades de mercados y campamentos de desplazados del sismo del 12 de enero, donde difundieron la música de campaña.
Mirlande Manigat, una ex primera dama favorita en las encuestas
Puerto Príncipe, 23 nov (EFE).- La política y académica Mirlande Manigat podría convertirse en la primera presidenta de Haití, con un programa reformista que busca devolver la confianza a un país sumido en la pobreza, que sufrió un devastador terremoto en enero y ahora se encuentra lastrado por una epidemia de cólera. Las últimas encuestas dan a esta ex-primera dama, doctora en Ciencias Políticas por la Universidad de La Sorbonne, el 30 por ciento de intención de voto, frente al 22 por ciento que concita su principal rival, Jude Celestín, el candidato oficial del presidente, Réne Préval. No obstante, dado que es improbable que ninguno de los 18 candidatos en liza logre el próximo domingo el 50 por ciento de los votos necesarios, está prevista una segunda vuelta para el 16 de enero. Nacida en Miragôane (sur del país) hace setenta años en el seno de una familia católica, Mirlande Manigat, ha conocido de primera mano los entresijos del poder como esposa del ex-presidente Leslie Manigat, quien gobernó Haití en 1988 durante 130 días, antes de ser derrocado por un golpe de estado. En su discurso como candidata presidencial y líder de la Reunión de los Demócratas Nacionales Progresistas (RDNP) -el mismo partido que lideró en su día su marido- Mirlande pone el énfasis en cuestiones como la justicia social, la lucha contra la corrupción y la recuperación de cierto sentimiento patriótico: Quiere reformar la Constitución para permitir la doble nacionalidad y recuperar así a sus conciudadanos en el extranjero, que pueden aportar "juventud, conocimientos, medios y contactos" para modernizar el país. También ha planteado la retirada gradual de la Minustah, la misión de estabilización de la ONU presente en Haití desde que una rebelión armada en 2004 forzó la dimisión de Jean-Bertrand Aristide. Pero quiere hacerlo con prudencia. "Los haitianos no quieren a la Minustah en su país porque ofende la dignidad de un país libre, pero en estos momentos es vital que permanezca en Haití, porque la policía haitiana sólo cuenta con unos 10.000 efectivos para una población de 10 millones de personas", afirmó en una entrevista. Mirlande conoce demasiado bien la amargura del exilio como para dejar resquicios a fuerzas desestabilizadoras en un país que arrastra un pasado de violencia política. Ya acompañó a su marido cuando tuvo que huir tras el golpe de Estado que lo derrocó. Con anterioridad, los Manigat habían pasado doce años exiliados en Francia y Venezuela, durante el régimen de Jean Claude Duvalier. Fue precisamente en París donde la pareja se conoció y se casó en 1970. De regreso a Haití en 1986, la figura de Mirlande fue ganando peso a medida que su marido lo perdía. Primero fue conocida -aunque brevemente- como primera dama, y luego por méritos propios. En las elecciones de 2006, a las que su marido volvió a presentarse para perder frente a Préval, fue elegida senadora por Puerto Príncipe. Sectores feministas no le perdonan que renunciara a su escaño por las presiones de su esposo, quien denunció fraude electoral -nunca se celebró una segunda vuelta-, y consideran que traicionó la confianza de quienes votaron por ella. Otros sectores consideran que su figura se ha visto ensombrecida por el "oportunismo político" de su marido y ven al matrimonio demasiado ligado a la aristocracia haitiana y alejado del pueblo. Aún se recuerda como tras su derrota, Leslie Manigat se refirió al electorado como "el perro que vuelve a su vómito". Ahora, el clima parece que ha cambiado e incluso los más críticos ven a los Manigat como un "mal menor" frente al oficialismo. Ambos tienen prestigio intelectual y nunca se han visto salpicados por casos de corrupción. Madre de una hija y orgullosa abuela, está ávida lectora de Agatha Christie se ha esforzado por distanciarse de la gestión de Préval, al que ha criticado duramente. Ha llegado incluso a denunciar la intención de sectores ligados al oficialismo de escenificar un "festival de tiros" el día anterior a los comicios para atemorizar a la población, favorecer la abstención y facilitar así el fraude electoral en un país donde el censo no se ha actualizado desde 2005. Pero, a pesar de sus críticas al oficialismo, algunos de sus adversarios siguen retratándola como parte del poder establecido y, por tanto, una candidata más a la sombra de Préval, que aseguraría así su influencia mientras prepara su vuelta a la jefatura del Estado (la Constitución haitiana no permite dos mandatos presidenciales consecutivos). Entretanto, la líder de la RDPN ha ido tejiendo una red de alianzas con diversas formaciones políticas que, según los analistas, multiplican sus posibilidades de lograr el triunfo en la segunda vuelta. Así, el 7 de febrero podría quedar inaugurada una nueva legislatura con, por primera vez en la historia de Haití, una mujer a su frente.