Los ministros de Finanzas del G20 comenzaron una reunión de dos días con la búsqueda de un consenso sobre el diagnóstico de los desequilibrios financieros globales, y suspicacias entre sus miembros por las medidas correctoras que se les podrían pedir para paliar dichas asimetrías.
La presidencia francesa del G20, que se ha fijado cinco grandes prioridades para este año, ha rebajado últimamente sus ambiciones para este encuentro ministerial de París, en el que su principal objetivo es acordar indicadores de esos desequilibrios, y ha puesto el acento en que no se trata de señalar a nadie como culpable.
La titular de Finanzas, Christine Lagarde, ha señalado que espera poder presentar mañana en la conferencia de prensa de cierre esos indicadores.
Pero, a falta de un acuerdo, el borrador del comunicado final con el que han trabajado las delegaciones estos últimos días se limitaba a establecer que debe usarse un "número limitado", sin poder avanzar cuáles.
La cuestión genera desacuerdos manifiestos por la presión que se ha puesto sobre los países emergentes en general y sobre China en particular para que revalúen sus monedas y pongan fin a su acumulación de divisas.
Por si fuera poco, algunos de esos países emergentes tampoco quieren oír hablar de una regulación de los precios de las materias primas, que figura entre los objetivos de la presidencia francesa, y Brasil y Argentina lo hicieron saber.
Para organizarse como bloque, los ministros de cinco de los grandes emergentes -China, Brasil, India, Argentina y Rusia- se reunieron en París horas antes de que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, de la apertura del encuentro del G20 con un discurso ante los responsables de Finanzas para marcarles la agenda.
Tras la recepción de Sarkozy, la discusión empezará con una cena y se prolongará durante la jornada de mañana.