Los candidatos opositores brasileños han sido desagradablemente sorprendidos por los detalles del acuerdo con el FMI, que les exige apretarse un poco más el ya ajustado cinturón para merecer los 30,000 millones de dólares de créditos prometidos a lo largo de los próximos 15 meses.
Según los detalles del acuerdo revelados la víspera por el ministro de Hacienda Pedro Malan, la meta del superávit primario para este año ha crecido un 0.13%, a 3.88% del PIB, y la del año próximo, fijada inicialmente en el 3.75%, puede ser revisada también al alza en cualquier momento.
Los asesores económicos de los principales candidatos a la presidencia de Brasil en las elecciones de octubre han manifestado su preocupación por esta decisión, desconocida cuando el 8 de agosto se anunció el acuerdo.
Aunque no implique un aumento de las metas para el próximo año, los asesores piensan que la medida puede ampliar las restricciones al próximo gobierno.
Según Guido Mantega, asesor del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), cuyo candidato Luiz Inacio Lula da Silva aparece en primera posición en los sondeos para las elecciones presidenciales de octubre, el aumento del esfuerzo para este año podrá forzar al próximo gobierno a hacer otro tanto.
Ello para evitar que la relación entre la deuda y el Producto Interno Bruto (PIB), que ha crecido preocupantemente en los últimos meses por la devaluación del real frente al dólar, se deteriore aún más y aumente el nerviosismo del mercado en los primeros meses del nuevo gobierno.
De la misma opinión es Mauricio Dias, asesor de Ciro Gomes, candidato del Frente Laborista (FL, centro-izquierda), que disputa el segundo lugar en las encuestas con el candidato oficialista José Serra. El aumento supone una "camisa de fuerza" para el próximo gobierno, aunque considera difícil que "pueda (el gobierno) cumplir esa meta en final de mandato", opinó.
Y es que el acuerdo, que debe ser aprobado el viernes por el Consejo Directivo del Fondo Monetario Internacional (FMI), prevé que en el primer semestre del 2003 el ahorro se eleve al 59% de la meta para todo el año.
En realidad, en el periodo de doce meses que va desde julio de este año al próximo, el ahorro de los gastos públicos destinados al pago de la deuda será del 3.9% del PIB.
El FMI mantendrá una estrecha vigilancia cada tres meses de que los objetivos se cumplen, para lo que tendrán en cuenta el comportamiento del real, los tipos de interés y la tasa de crecimiento del PIB, que este año será inferior al 1.5%.
El Fondo tiene especial preocupación por la exposión de Brasil al cambio, sobre todo, por medio de los títulos de la deuda vinculados al dólar, que representan en torno del 30%. Por eso, la estrategia es reducir la proporción de títulos de este tipo, ampliar el perfil de los vencimientos de las nuevas emisiones y limitar gradualmente la exposición cambiaria del gobierno, incluido el Banco Central.
Para este año, el esfuerzo fiscal adicional pasará de los 15,645 millones de dólares a más de 16,129 millones. Para Mantega, el ahorro que el gobierno va a obtener este año se ha conseguido en buena medida con recortes en inversiones en sectores de vital importancia como la energía, el petróleo o el transporte.
"Si queda todo para el próximo gobierno, va a ser más difícil mantener superávits de ese tamaño", advirtió. En la reunión convocada por el presidente Fernando Henrique Cardoso el pasado día 19 de agosto con los candidatos a sucederle, éstos se comprometieron a cumplir con la meta del 3.75%.