Tras la atribución del primer gran contrato de reconstrucción de Irak al gigante californiano BTP Bechtel, considerado como un importante donante de los partidos políticos en Washington, la administración Bush deberá intentar acallar las sospechas de favoritismo.
Según la prensa, las empresas británicas, rápidamente secundadas por su gobierno, fueron las primeras en alterarse por el control estadounidense de los contratos de reconstrucción más lucrativos en detrimento de los países que sostuvieron a Washington en la crisis iraquí tanto en el plano militar como en el diplomático.
Las voces de descontento se hicieron escuchar hasta en el seno mismo del Congreso estadounidense para protestar contra el modo de atribución de los contratos, en algunos casos sin que medie un llamado de ofertas, como en el que benefició a la empresa Halliburton, donde el vicepresidente estadounidense Dick Cheney.
Según numerosos observadores, la administración del presidente George W. Bush estaría de ahora más inclinada a favorecer la elección de empresas no estadounidense como subcontratistas de los grandes contratos.
Y debe respetar el compromiso que hasta el 50% del trabajo de los subcontratistas sea otorgado a extranjeros. Según un organismo británico especializado en la reconstrucción, EU hicieron una promesa en ese sentido a la ministra británica de Comercio y de Industria, Patricia Hewitt.
"Hay a la vez una utilidad política y una oportunidad cultural de utilizar a las empresas árabes de países que nos han ayudado y que quieren los empleos", declaró al New York Times Frances Cook, ex embajadora de EU en Oman, que trabaja para un consorcio de empresas árabes. Según opinó sería una actitud juiciosa para "comenzar a reacomodar ciertas relaciones en la región".
El contrato atribuido el jueves a Bechtel por la Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID) prevé el desbloqueo de fondos hasta los 680 millones de dólares en 18 meses.
En lo que se refiere a la rehabilitación de las principales infraestructuras iraquíes como caminos, aeropuertos, centrales energéticas y de distribución de agua, se trata del contrato más importante de los ocho previstos por la USAID para borrar los estigmas de la guerra. Para atribuirlo, la administración Bush eligió entre seis candidatos, todos estadounidenses.
El jueves un portavoz de Bechtel se apresuró a subrayar que habrá "una competencia completa y abierta a escala internacional" para la elección de los subcontratistas. "Los iraquíes serán contratados" aseguró el grupo para contrarrestar las críticas.
Según el Wall Street Journal, Riley Bechtel, el director de la empresa, fue nombrado por Bush en febrero para integrar el presidencial "Consejo de Exportación", un grupo de 28 representantes del sector privado encargado de aconsejar al presidente sobre comercio internacional. The New York Times dijo ayer que el contrato envía "un mensaje deplorable a un mundo escéptico", y que "no hace más que aumentar la impresión de que EU busca sacar provecho de la guerra que lanzó".
Como todas las grandes compañías norteamericanas, Bechtel tiene profundos vínculos con los centros de poder en Washington, citando además del caso del director de la empresa en el círculo de Bush, a otro de sus directores, George Schultz, quien fue ex secretario de Estado durante el gobierno de Ronald Reagan.
El diario dijo que "esos vínculos facilitan las críticas" y reclamó un proceso de asignación de los contratos de reconstrucción que sea "abierto, competitivo y transparente".
Administración Bush acusada de favoritismo en contratos
The New York Times dijo que el contrato "no hace más que aumentar la impresión de que EU busca sacar provecho de la guerra "