Y según un estudio reciente de la Agencia de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Costa Rica no es una excepción: más de 20 millones de hectáreas en 100 países del mundo (la mitad de ellas en Australia) se dedican a la agricultura orgánica, un mercado que se estima en los 23 mil millones de dólares.
La agricultura orgánica es aquella que no utiliza pesticidas ni fertilizantes químicos, ni aditivos químicos o artificiales similares.
En su lugar se utilizan pesticidas naturales, como bacterias, insectos o sustancias derivadas de plantas, y fertilizantes naturales, como pueden ser deshechos vegetales o animales, ya sea crudos o semi-procesados.
Los productos "orgánicos" son por lo general más costosos que los no orgánicos, debido a la relativamente inferior productividad de los fertilizantes orgánicos.
Por tal razón su precio de venta también resulta más elevado.
No obstante, la demanda sigue creciendo, debido a la creciente preocupación del público consumidor, especialmente del residente en Estados Unidos y Europa Occidental, con la pureza de sus alimentos.
Para ser introducido como "orgánico", el producto debe ser certificado por empresas o entidades especializadas. Según el Organic Certification Directory 2003, publicado por Grolink, existen actualmente cerca de 400 empresas certificadoras.
Estas siguen las normas fijadas por la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica (IFOAM, www.ifoam.org) y normas nacionales.
Por ejemplo, en Costas Rica funcionan Ecológica y el Instituto Centroamericano para la Certificación de Productos.
Los agricultores panameños de cosechas tradicionales como el banano, el azúcar, y el café han afrontado graves problemas de mercadeo en años recientes.
Otros, como son los productores de arroz, podrían afrontar dificultades si el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos abre las puertas a la importación de arroz subsidiado de ese país.
Aparte de diversificar sus cultivos, incursionando en el área de productos no tradicionales de exportación (como son frutas y vegetales tropicales y sus derivados, flores, plantas medicinales y condimentos para la exportación), estos productores harían bien en explorar las posibilidades que ofrece la producción orgánica tanto de productos tradicionales como de los no tradicionales.
Igual haría el gobierno en fomentar dicha avenida, suministrando apoyo por la vía de créditos blandos a largo plazo, infraestructura, capacitación, y apoyo en las distintas fases de la comercialización de estos productos.
Entre las instituciones que suministran información sobre el tema está la International Federation of Organic Agriculture Movements (IFOAM. www.ifoam.org), organización paraguas de agricultores orgánicos, que cuenta con 750 miembros en 100 países.
También la ya citada FAO suministra programas de asesoría, estadísticas y otras informaciones pertinentes (www.fao.org/organicag/default.htm).
Mientras que la agricultura orgánica trabaja con la naturaleza, conservando la biodiversidad, la agricultura industrial busca controlar a la naturaleza, promoviendo siembras uniformes.
Los campesinos orgánicos están teniendo cada vez más dificultad para proteger las siembras genéticamente naturales que cultivan de la polinización cruzada al estar cerca de siembras transgénicas.
Roberto N. Méndez es profesor titular e investigador de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Panamá.