El vital elemento escasea incluso en las ciudades y los pueblos, donde las personas dependen de complejos sistemas de acueductos, tuberías y plantas de tratamiento para obtenerlo.
Si bien desde tiempo coloniales han existido pequeños proveedores de servicios de agua potable y saneamiento, no fue sino hasta fines de la década del noventa que comenzaron a lograr reconocimiento internacional como actores clave para el funcionamiento del sector.
Estos proveedores prestan utilidad al extender el servicio hacia comunidades menos atendidas, principalmente compuestas por hogares urbanos y pobres que quedan fuera del alcance de las empresas de servicios en muchos países en desarrollo.
Según el reciente informe del Banco Mundial, el sector privado alternativo de servicios de agua ofrece una primera visión general sobre los pequeños proveedores independientes en seis países de América Latina: Argentina, Bolivia, Colombia, Guatemala, Paraguay y Perú.
En las ciudades analizadas para el estudio, los proveedores privados atienden a aproximadamente el 25% de la población local, lo que refleja la importante función de estos actores en el desafío que implica el suministro de servicios de agua a una cantidad adicional de 120 millones de habitantes urbanos para el 2015 y la reducción a la mitad del actual déficit de cobertura, como lo establecen los Objetivos de Desarrollo del Milenio para América Latina.
Los proveedores independientes de la región ofrecen una amplia gama de productos y servicios, así como también muestran una gran diversidad en cuanto al tamaño y la estructura de su propiedad. Los más pequeños incluyen desde redes fijas (suministro por tubería) que prestan servicios hasta un total de 14,000 hogares hasta proveedores móviles (camiones cisterna), que proveen a hogares e instituciones particulares.
Muchos pequeños operadores también ofrecen “agua con valor agregado” en forma de hielo o agua embotellada, en bolsas, filtrada y con sabores.
Si bien estos proveedores por lo general funcionan sin contar con financiamiento externo y con escasa supervisión y apoyo gubernamental, los servicios que ofrece la mayoría son de buena calidad y a precios comparables o incluso inferiores que los de las empresas de servicios públicos, a la vez que responden con celeridad a las demandas de los consumidores.
El alcance de su cobertura varía dependiendo de la ciudad y el país; por ejemplo en Santa Cruz, Bolivia, las únicas proveedoras de agua potable para el millón de habitantes son las cooperativas y nunca han existido empresas municipales, públicas ni privadas. El estudio concluyó que parte de la solución al problema del suministro de servicios de agua y saneamiento en América Latina puede estar en las empresas pequeñas y que es posible diseñar distintas políticas públicas para propiciar o controlar el alcance y la calidad de su respuesta, así como su posible contribución al mejoramiento de las condiciones de vida de los habitantes de la región. Los donantes internacionales, los financistas y los encargados de temas del desarrollo deben considerar el valor de este “sector privado alternativo” a la hora de emprender grandes inversiones en el sector del agua.
Los gobiernos nacionales y locales deben revisar sus normas y reglamentos con el fin de abrir las puertas a los proveedores independientes, permitiendo al mismo tiempo la competencia y asegurando que las leyes garanticen su inversión.
Tren de alta velocidad (2 tramos) en Taiwan, a un costo de 605 millones de dólares, Tren Warri-Ajaokuta, en Nigeria, por 409 millones de dólares; Autopista M5 Este, Sydney, Autralia, por 319 millones de dólares.
Autopista Elevada Bang Na, Bangkok, Tailandia por 295 millones de dólares, Estadio Docklands, Melbourne, Australia, por un monto de 243 millones de dólares, además del Corredor Oeste, por 233 millones de dólares, entre otras obras.