Cabello cortado a la navaja precozmente encanecido en las sienes. Corva la nariz, como la de un ave rapaz lista a precipitarse en picada sobre la presa. Transparencia de un hombre joven que desarma al adversario más fiero, con la sencillez de sus gestos y el aplomo lúcido de sus análisis políticos. A los 35 años de edad, Alvaro Vargas Llosa, hijo del renombrado novelista peruano Mario Vargas Llosa, corre con los colores propios de sus libros y de sus conferencias.
Se lanzó al ruedo político muy temprano en 1990 como protagonista de la campaña presidencial de su padre. Hoy los peruanos lloran lágrimas de sangre por haber votado por Fujimori y no por el padre de Alvaro.
A pesar que pudo ser una experiencia como para alejarse asqueado de las ruindades políticos, Alvaro persistió en el empeño como asesor de Alejandro Toledo.
Sin embargo, rompió palitos con su asesorado y hoy ejercita a toda plenitud su independencia. El lunes 24, ante un auditorio de políticos, empresarios y periodistas panameños, reunido por el CELAP, demostró cuán alta es la amplitud de su visión crítica sobre las raíces de las desventuras de América Latina y qué aguda es su capacidad para ejercer la crítica con un lenguaje de imaginación creativa.
Este es el resultado de su conversación con