Al parecer los alimentos transgénicos, podrían convertirse en Panamá y en el mundo en la alternativa nutritiva y al mismo tiempo en una barrera al uso indiscriminado de plaguicidas y agroquímicos en los campos de cultivo.
En un medio agrícola como el panameño, donde no hay controles científicos estatales para equilibrar el uso de agroquímicos, bien vale la pena discutir el tema. Con este propósito, el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) y el Instituto de Investigación Agropecuaria (IDIAP), efectuarán hoy una mesa redonda titulada "Uso material transgénico en la población de alimentos para el consumo" a fin de establecer los pros y contras de su consumo en el país.
Los cultivos transgénicos, resistentes a las plagas y de mayor rendimiento, podrían ayudar a cubrir las demandas de alimentos de la creciente población, sin poner en riesgo su salud.
Sin embargo, no se tiene el suficiente conocimiento acerca de los posibles daños que produciría la inserción de genes en los cultivos tansgénicos a la salud humana. Hay una polémica internacional sobre los transgénicos que todavía no presenta conclusiones definitivas.
A pesar de todo, el uso de pesticidas y herbicidas podrían disminuir, produciendo un ahorro de energía al verse reducida la necesidad de fumigar los cultivos, además de presentar beneficios a la salud tales como vacunas comestibles.
Los alimentos transgénicos, han sido adoptados por agricultores de Estados Unidos, Canadá y Argentina, países que los exportan exitosamente, gracias a la modernización asombrosa de la ingeniería genética vegetal. Argentina y Estados Unidos son, respectivamente, el tercer y el primer productor de soja del mundo. Cerca del 90 por ciento de la producción argentina contiene semillas genéticamente modificadas y, al menos, la mitad de la cosecha estadounidense está cargada con lo que los críticos llaman "alimentos Frankenstein".
Además, estos países son los principales productores mundiales de maíz, donde cerca de un cuarto de la cosecha tiene semillas transgénicas.
IMA
Para el director del Instituto de Mercadeo Agropecuario, Hatuey Castro los alimentos transgénicos son una buena solución; sin embargo, reconoce que todavía a nivel de mercado internacional existen algunas preocupaciones.
Castro manifiesta que las preocupaciones para la producción de transgénicos, obedecen más bien a situaciones de tipo aduanero.
Al respecto, citó como ejemplo la situación actual entre Europa y Estados Unidos, donde el viejo continente no permite que el país del norte les exporte productos transgénicos a los estados miembros de la Unión Europea, al igual que los impedimentos que encuentran Brasil y Argentina. De acuerdo a fuentes norteamericanas, los agricultores europeos cultivan la tierra con métodos tecnológicos arcaicos y le temen a la competencia de la nueva tecnología agrícola que eleva la productividad y protege a los consumidores de los agroquímicos recargados de sustancias tóxicas. Por su lado, los europeos y algunas Ongs rechazan los alimentos transgénicos por supuestas repercusiones negativas en la salud humana, aunque hasta ahora se no se han presentado pruebas científicas valederas que respalden los temores. La FDA de Estados Unidos autoriza el consumo de alimentos transgénicos a los consumidores, con el señalamiento de su origen genético.
"Los alimentos transgénicos tienen todavía algunos interrogantes, por lo que habría que ver y considerar la conveniencia de producirlos en Panamá", señala el director del Instituto de Mercadeo Agropecuario.
En este sentido, Castro sugiere que para lograr esto es necesario tener toda la avanzada tecnología de punta.
Al respecto, enfatizó que "Panamá no se puede marginar del desarrollo de la tecnología y de los alimentos transgénicos, pero esto será decisión del Ministerio de Salud, a fin de establecer las objeciones o no de las mismas.
Sin embargo, la Organización Mundial del Comercio (OMC), falló en contra de la prohibición de la Unión Europea impuesta a la comercialización de la carne de res con hormonas artificiales.
Según la OMC, la Unión Europea no pudo comprobar científicamente que estos residuos provocan daños a la salud humana.
La Organización Mundial del Comercio, fijó una multa por la suma de 116.8 millones de dólares cuando la Unión Europea se negó a levantar la prohibición.
Según la Asociación Consummers International, uno de los riesgos para los cultivos de alimentos transgénicos, es que los genes de las plantas podrían traspasarse a plantas no transgénicas.
Por otra parte, el uso de genes resistentes a los antibióticos como marcadores en plantas tansgénicas, podría conllevar a una mayor resistencia a los antibióticos.
Además, las toxinas podrían propagarse, traspasarse o producirse como consecuencia de la modificación genética.
En contraposición a los riesgos, en el cultivo de transgénicos se podrían desarrollar plantas capaces de resistir condiciones extremas de sequías.
Los transgénicos resultarían a la postre más económicos, de mejor calidad y sabor, y sobre todo, prescindirían de agro químicos.
Como un antecedente positivo se toma en cuenta que existen tres acuerdos de la Organización Mundial del Comercio que no avalan las acciones emprendidas a fin de restringir o regular el ingreso de organismo transgénicos.
El acuerdo sanitario y fitosanitario estipula que cualquier regulación nacional para detener la importación de organismos transgénicos debe fundamentarse en datos científicos.
Panamá está en el centro de una encrucijada que debe resolver sin tardanza. Afortunadamente hoy empieza a deliberar sobre las ventajas y desventajas de los alimentos geneticamente modificados.