El gobierno argentino admitió ayer que "puede haber complicaciones de todo tipo" pero confía que llegarán a buen puerto las negociaciones con el FMI por la segunda revisión de un acuerdo alcanzado en septiembre pasado, en medio de las presiones por su abultada deuda en mora.
"Nadie dijo que esto iba a ser fácil, sabíamos y sabemos que puede haber complicaciones de todo tipo, que puede haber presiones de todo tipo", dijo el ministro del Interior, Aníbal Fernández, en declaraciones a Radio 10, sobre las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El ministro de Economía, Roberto Lavagna, y el titular del FMI, Horst Koehler, mantuvieron el pasado lunes en Miami una reunión que ambas partes calificaron de "útil y constructiva", en medio de presiones para que Argentina mejore su oferta de una quita del 75% sobre la deuda con sus acreedores privados.
El ministro del Interior aseguró que el gobierno tiene "un profundo interés de acordar con los tenedores de bonos, pero en el marco de las posibilidades de Argentina sin afectar el crecimiento, porque sería otra vez como en el juego de la oca: volver a empezar".
Los argentinos "hemos comenzado a ser serios", aseguró al sostener que "una de las muestras de buena fe, fue pagar hasta el último centavo a los organismos internacionales de crédito".
Insistió en que "la primera muestra de buena fe de la Argentina ha sido sentarse a discutir criteriosamente con el FMI y definir una estrategia, que es la que se plasma en el acuerdo" a tres años de reprogramación de deuda con los organismos multilaterales, por 21,000 millones de dólares alcanzado en septiembre pasado.
El FMI y el Grupo de los 7 países más desarrollados (G7) vienen pidiendo al gobierno de Néstor Kirchner que negocie de "buena fe" con acreedores privados, con los que está en mora desde finales de 2001, por 81,000 millones de dólares. Desde entonces, sin embargo, el país sudamericano siguió pagando a los organismos multilaterales de crédito.
El estar bajo investigación podría llevar a una acusación formal de los bancos o los empleados. Los fiscales no siempre informan inmediatamente cuáles son los objetivos de sus investigaciones.
Hasta el momento nadie ha sido instruido formalmente de cargos en lo que los reguladores estadounidenses han descrito como uno de los mayores fraudes en la historia.