La escalada del precio del arroz supone un nuevo manantial de ingresos para Tailandia y Vietnam, los mayores exportadores, pero para el resto de los países de Asia que son importadores, es como una bomba de relojería que amenaza con desatar el caos social.
En Filipinas o India, y hasta en la alejada isla de Fiyi, pocas cosas son más importantes que el arroz, alimento básico de la dieta de decenas de miles de millones de asiáticos que se quejan de que cada día les cuesta más dinero alimentarse.
"El arroz es un producto extremadamente sensible para cualquier gobierno. Sin ninguna duda el progresivo aumento del precio espoleará disturbios sociales y la inestabilidad política", advirtió Loren Lagarda, presidenta del Comité de Asuntos Económicos del Senado de Filipinas.