Desde que se inauguró el 15 de agosto de 1914, 800.000 naves han transitado por el Canal de Panamá que, con sus esclusas de 700 toneladas, constituye una de las grandes obras de ingeniería del planeta. El 31 de diciembre de 1999, Estados Unidos devolvió a Panamá la soberanía del famoso paso que une los océanos Atlántico y Pacífico. El resultado del primer año de gestión panameña sobre la vía interoceánica ha sido muy positivo en el apartado económico porque se ha batido el récord de beneficios y ha supuesto la aceleración de los proyectos de ampliación y modernización del canal para asegurar que siga siendo paso obligado en las más importantes rutas marítimas.
Fue en una solemne ceremonia, que se adelantó al 14 de diciembre para que no coincidiera con las siempre conflictivas fechas de fin de año, a la que asistieron el Rey Juan Carlos I de España, así como varios jefes de Estados latinoamericanos. Ese día la presidenta de Panamá, Mireya Moscoso, y el ex presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, que en 1977 firmó junto al general Omar Torrijos los históricos Tratados sobre el Canal, expresaron sus deseos de que el traspaso de gestión sirviera para que Panamá y EEUU iniciaran una relación bilateral fundamentada en el respeto y el equilibrio.
CON AUTORIZACION PANAMEÑA
Pese a estos buenos deseos, lo cierto es que los Tratados establecen la posibilidad de que el Ejército estadounidense intervenga en Panamá para defender el canal de agresiones externas. No obstante, en un discurso de tono tranquilizador Carter intentó despejar fantasmas intervencionistas al matizar que una actuación militar de su país sólo se realizaría con el consentimiento del Gobierno panameño.
La embajadora de Panamá en España, Vicentina Rodríguez de Fernández-Figares, subraya que una eventual intervención estadounidense sólo se produciría a causa de "una situación extrema" y se muestra convencida de que EEUU será respetuoso con este principio.
Pese a que la retirada estadounidense fue celebrada con algarabía por el pueblo panameño, que en los festejos de hace un año dio rienda suelta a su amor propio -aletargado a la fuerza durante los últimos 85 años- la marcha de los gringos ha tenido consecuencias negativas debido a la disminución de los elevados ingresos que los súbditos de EEUU reportaban cada año a las arcas panameñas, sobre todo en el sector de la hostelería, que antes tenía garantizado casi un 100 por cien de ocupación, porque no todas las misiones civiles y castrenses que con regularidad visitaban Panamá podían alojarse en las bases estadounidenses.
Al margen de la política, y aunque a finales del pasado año había algunas dudas sobre la eficiencia de la gestión panameña y temor por una posible disminución de las inversiones, lo cierto es que las palabras que la presidenta Moscoso pronunció el día del traspaso se han convertido en una realidad. "Lo convertiremos en una empresa líder del comercio mundial", prometió la presidenta durante su discurso; no en vano, el canal da trabajo a más de 7.000 panameños.
Al hacer balance del primer año de soberanía panameña en el canal, Rafael Ruiz Gómez, director comercial de El Cano -una de las navieras españolas cuyos buques cruzan con regularidad el paso interoceánico- el funcionamiento práctico del canal "ha sido prácticamente igual que cuando estaban los estadounidenses".
UNA TRANSICION PREPARADA DURANTE AÑOS
Según la embajadora Rodríguez de Fernández-Figares, uno de los logros de este año iniciático ha sido el hecho de que la transición de la gestión estadounidense a la panameña no ha sido en absoluto traumática, dado que se llevaba preparando desde hacía varios años, sobre todo si se tiene en cuenta que, ya en 1990, el panameño Gilberto Guardia asumió el cargo de administrador, el puesto de mayor responsabilidad. De hecho, cuando se consumó el traspaso el 98 por ciento de los empleados del canal eran ciudadanos panameños.
Uno de los primeros cambios acometidos por las autoridades panameñas con la asunción total de la gestión fue la reorganización de la plantilla, lo que, entre otras medidas, implicó la supresión de algunos puestos de trabajo que en la época anterior existían por duplicado, ya que eran asumidos tanto por trabajadores estadounidenses como panameños. El ahorro empezó por ahí.
El año 2000 ha sido tan bueno que el canal batirá su récord de beneficios, ya que las ganancias han superado los 166 millones de dólares, una cifra que representa casi el 6 por ciento de los ingresos anuales del país centroamericano. En este primer año de soberanía panameña ha habido un aumento de beneficios en concepto de peajes, sobre todo porque las compañías navieras han empezado a dejar de utilizar barcos pequeños y una de las reglas de funcionamiento en el canal es que a mayor tonelaje de carga, más alto es el peaje de que debe pagar el buque.
En este sentido, se ha registrado un incremento en el número de embarcaciones tipo Panamax , las más grandes que pueden cruzar el canal y cuyas espectaculares medidas van desde los 230 metros de eslora a los 32,2 metros de manga, lo que les permite transportar cargas de hasta 70.000 toneladas de peso. En 1999, 4.198 naves Panamax cruzaron el paso y en 2000 este significativo indicador aumentó a 4.311 buques.
LOS RETOS DEL FUTURO
Uno de los retos para el futuro a medio plazo es el acondicionamiento del canal a barcos PostPanamax , más grandes aún que los Panamax , que son los que las compañías de mercado marítimo tienden a utilizar ahora. El plan para la ampliación, según la embajadora Rodríguez de Fernández-Figares prevé una inversión, con parte de capital privado, de 4.000 millones de dólares en los próximos 10 años. Este gran desembolso sufragará la instalación de una tercera y una cuarta esclusas, así como la construcción de dos nuevos puentes para descongestionar el tráfico rodado sobre el canal. Asimismo, los planes del Gobierno panameño incluyen la creación de nuevos lagos artificiales en las zonas aledañas al canal, lagos que, como los ya existentes, se alimentarán con el agua de los ríos y las lluvias.
La función de los lagos en el canal es liberar el agua dulce que almacenan para rellenar las esclusas y habilitar el paso de los buques. Se calcula que se liberan algo más de 200 millones de litros de agua cada vez que un buque hace el tránsito, que suele durar ocho horas y que se puede realizar durante las 24 horas del día.
A más corto plazo, aproximadamente para el verano de 2001, se acabarán las obras de ensanchamiento del llamado Corte de Culebra , que convertirá al canal en una vía de doble dirección, con lo cual dos buques podrán transitarlo a la vez, lo cual a día de hoy no es posible.
En el primer año de gestión panameña han disminuido los accidentes, ya que entre enero y septiembre de este año se produjeron 16 siniestros, mientras que en el mismo periodo de 1999 el número de percances se elevó a 19. También se ha reducido el número de horas que los barcos esperan en las aguas del canal para pasar del Pacífico al Atlántico, y viceversa. La media bajó del año pasado a éste desde las 33 horas a las 29,7.
TEMOR AL TRAFICO DE DROGAS
Uno de los temores que acarreó la retirada de EEUU fue que el control sobre el tráfico de drogas en el canal fuese menos efectivo, sobre todo en lo concerniente al paso clandestino de sustancias narcóticas procedentes de Colombia. Sin embargo, según Rafael Ruiz Gómez, los temores a este respecto eran infundados, algo en lo que coincide la embajadora Rodríguez de Fernández-Figares al matizar que los traficantes suelen preferir las vías terrestres.
El futuro se presenta esperanzador para Panamá, que se ha propuesto obtener el máximo partido posible de uno de sus grandes orgullos nacionales, una obra emblemática que registra un 4,3 por ciento del comercio marítimo mundial y soporta un tráfico medio de 13.000 barcos al año.