América Latina lleva 5 años creciendo por encima del 4%. Este mayor crecimiento, con respecto al pasado, proviene, entre otros motivos, al incremento de los precios de los productos primarios (especialmente petróleo, metales y alimentos), de la buena política económica aplicada y de la entrada de divisas procedente de las remesas de los emigrantes.
Se espera además que esta positiva coyuntura continúe en el 2008, con un crecimiento estimado del PBI del 4,5%.
Si este pronóstico se confirma, al final del 2008 la región habrá acumulado, en seis años, un aumento de la renta por habitante del 20,6%, equivalente a algo más del 3% anual, en lo que ya es el período de mayor crecimiento y el más prolongado desde 1980. Así lo constató un grupo de economistas iberoamericanos (Guillermo de la Dehesa, José Luis Machinea, Carmelo Mesa, Alejandro Ferreiro, Javier Santiso, David Taguas, etc.) reunidos en Barcelona el 26 y 27 de octubre en el marco de la celebración de la XVII Cumbre Iberoamericana que se realizó la semana pasada en Santiago de Chile.
En este Foro se señaló que debía aprovecharse esta favorable situación económica para aumentar la cohesión social y reducir la pobreza y las desigualdades en América Latina.
En este sentido, se indicó que es preciso construir en toda la región un sistema de protección social con elementos comunes para lo que se precisa que cada país acometa por un lado una reforma fiscal que aborde el problema de la desigualdad y por otro unos pactos sociales que permitan reformas educativas y laborales, en el sistema de pensiones y de la sanidad.
En muchos países latinoamericanos el gasto público no actúa de forma que favorezca la mejora en la distribución de la renta, lo que genera en la sociedad civil es un mayor rechazo a pagar impuestos. Debería ser el gasto público el principal instrumento de redistribución de la renta, y éste habría que reorientarlo preferentemente hacia los sectores socialmente más necesitados como educación e inversión en agua potable.
De producirse cambios sensibles en la orientación del gasto se conseguiría un mayor apoyo social para realizar una reforma fiscal profunda, como sería avanzar hacia un sistema más transparente, fácil de recaudar y administrar, que permita además ampliar las bases imponibles, así como reducir la evasión fiscal por donde se escapa buena parte de la recaudación potencial.
En muchos países de América Latina existe una clara insuficiencia recaudatoria, y por tanto, de gasto público.
Otro tema importante por abordar es el de la necesidad de pactos sociales.
Desde el final de la segunda guerra mundial, las democracias avanzadas han recurrido con relativa frecuencia al establecimiento de pactos sociales de carácter corporativo, es decir, acuerdos laborales y fiscales firmados entre sindicatos, patronales y gobierno, con el objetivo de conciliar la estabilidad de precios, el pleno empleo y el crecimiento económico.