La desconfianza de los inversores hacia Portugal ha llevado a la banca lusa a enfrentarse a dificultades para acceder a liquidez y a depender excesivamente de los préstamos del Banco Central Europeo (BCE), sin los que su situación "sería realmente complicada".
Así lo aseguró en una entrevista a EFE el presidente de la Asociación Portuguesa de Bancos (APB), António de Sousa, quien insistió en que estas entidades "no tienen problemas" en sus cuentas y atribuyó las dificultades para financiarse únicamente a las dudas que suscita su país en los mercados.
Las entidades portuguesas recurrieron al BCE en mayor medida de lo habitual desde mayo de 2010 hasta el finales de año, ocho meses en los que solicitaron 333,000 millones de euros en préstamos, con picos de hasta 49,100 millones de euros en un solo mes -máximo histórico alcanzado en agosto.
Sousa consideró "normal" que estos niveles de financiación procedentes del BCE "se mantengan en valores elevados" debido a que los bancos portugueses "no consiguen obtener liquidez a través de los instrumentos normales" desde el estallido de la crisis griega.
"Si los números -de cara a 2011- se estabilizan entre treinta y treinta y pocos mil millones -mensuales-, lo que significa cerca del 20 por ciento del PIB, no serían tan anormales, si se comparan con el resto de Europa, aunque seguirían siendo altos", analizó.